
El vínculo entre Japón y la artesanía suele construirse desde el respeto por el oficio, la precisión y el tiempo dedicado a cada pieza. En ese contexto, Carmina Shoemaker abre una nueva tienda en Tokio, una ciudad que representa uno de los mercados clave para la firma. La elección de la avenida Marunouchi Naka-Dori, uno de los corredores comerciales más importantes de la capital, refleja una apuesta por acercar al público japonés una tradición zapatera que lleva más de siglo y medio desarrollándose en Mallorca.
Para una marca especializada en calzado artesanal, consolidarse en Japón tiene un significado particular. El consumidor japonés reconoce el trabajo manual, la calidad de los materiales y la permanencia de los procesos productivos, valores que han convertido al país en un referente para las casas internacionales dedicadas al lujo y la manufactura. La apertura fortalece la presencia de Carmina en un destino que aprecia el detalle y la durabilidad por encima de las tendencias pasajeras.
Cada par de zapatos continúa fabricándose íntegramente en Inca, Mallorca, siguiendo un proceso que la firma conserva desde 1866. Ese control sobre la producción permite mantener un nivel de calidad constante mientras la marca expande su red de tiendas propias en ciudades como Madrid, París, Londres, Nueva York y, desde este verano, Tokio.
La nueva apertura confirma una estrategia de crecimiento construida paso a paso, con el foco puesto en preservar el saber hacer que distingue a Carmina desde sus orígenes. En un momento marcado por la producción acelerada, la firma apuesta por reforzar su presencia internacional sin renunciar al oficio que ha definido su identidad durante más de 150 años.