El arte como espejo del presente

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Detalle obra exposición ‘Noches y días’, José María Sicilia. Foto Blanca Guerrero. Fotografía: Cortesía del artista y de Chantal Crousel.

Hay lugares donde los momentos se acumulan y van conversando; el Palacio de Liria es uno de ellos. Caminar por sus salas implica atravesar siglos de historia, aunque hoy ese recorrido se expande hacia el presente con una naturalidad poco común. La Casa de Alba reafirma su vínculo con el arte contemporáneo entendiendo que el patrimonio es archivo y un legado que continúa impactando generaciones y se renueva poco a poco.

Esta constancia toma forma, a partir del 20 de febrero, con Noches y días, la nueva exposición de José María Sicilia concebida específicamente para Liria. Además de imponerse al espacio, la obra escucha al palacio, se deja atravesar por sus silencios, por sus capas de memoria, y responde desde una sensibilidad contemporánea que trabaja con el arte como experiencia y como presencia.

Sicilia interviene algunas de las estancias más emblemáticas con obras creadas ex profeso y una instalación site-specific que se entrelaza con la arquitectura y la colección histórica. El resultado es u. contraste evidente y una tensión sutil entre lo que ha sido y lo que está ocurriendo ahora, invitando al visitante a mirar el palacio desde otra velocidad, desde otro pulso.

José María Sicilia. Foto Blanca Guerrero. Fotografía: Cortesía del artista y Chantal Crousel.

Esa misma lógica de continuidad se extiende a la colección de la Casa de Alba, que recientemente ha incorporado La Théière (2025), de Joana Vasconcelos. La escultura, instalada de forma permanente en los jardines de Liria, introduce el lenguaje exuberante y provocador de la artista portuguesa en un entorno clásico, generando una fricción visual que activa el espacio y lo conecta con la ciudad.

El jardín, tradicionalmente entendido como lugar de contemplación, se convierte así en escenario de una obra que dialoga con el cuerpo, el movimiento y la escala. Vasconcelos aporta una energía contemporánea que transforma el paseo en experiencia, y confirma que el arte puede convivir con la historia sin pedir permiso, con admiración y carácter. A esta incorporación se suma un retrato muy especial: el de los duques de Huéscar, realizado por Pierre Gonnord, último encargo del artista antes de su fallecimiento en 2024. La obra se inscribe en la larga tradición del retrato nobiliario de la Casa de Alba, aunque lo hace desde la estética inconfundible de Gonnord, donde el claroscuro revela tanto como oculta.

La Théière (PA) (2025), obra de Joana Vasconcelos concebida para la exposición de la artista portuguesa en el palacio de Liria y que permanecerá expuesta en los jardines de forma permanente. Fotografía: Juan Rayos

El retrato deja de ser representación para convertirse en encuentro. Entre la mirada del artista, la intimidad del modelo y la del espectador se construye una interacción que no necesita palabras y conecta con los grandes maestros de la pintura, aunque habla con una voz plenamente contemporánea, humana y profunda.

Con estas iniciativas, la Fundación Casa de Alba reafirma una idea de mecenazgo que va más allá de conservar el pasado. Apostar por la producción de obra, por nuevas adquisiciones y por exposiciones concebidas para el presente convierte al Palacio de Liria en un espacio relevante como refugio del arte.

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