Infancia, compromiso y esperanza

Premio Clarins por la infancia 2026 01
foto: cortesía Clarins

El pasado 21 de mayo, el Hotel Palace de Madrid fue escenario de la entrega del Premio Clarins por la Infancia 2026, un galardón que desde hace casi tres décadas reconoce a personas y asociaciones que trabajan por el bienestar de los niños en situación de vulnerabilidad. En esta edición, el premio ha recaído en Susana Cañas Rey, una mujer cuya trayectoria está marcada por la generosidad, el acompañamiento y una sensibilidad que trasciende lo profesional para convertirse en vocación. Su labor, hecha de gestos cotidianos y entrega sin aspavientos, recuerda que el verdadero impacto no siempre viene de grandes gestos, sino de la constancia de quienes eligen estar al lado de los que más lo necesitan.

foto: cortesía Clarins

La gala contó con Carmen Lomana como madrina, una figura conocida por su elegancia pero también por su compromiso con causas solidarias. Su presencia en este acto no fue accidental: refleja una sensibilidad hacia la infancia que, como ella misma ha señalado, debería ser una prioridad compartida. Detrás del premio está Clarins, firma francesa de cosmética fundada en 1954, pionera en el uso de ingredientes vegetales y en la integración de la responsabilidad social como parte de su identidad. Desde 1998, la marca colabora con Aldeas Infantiles SOS mediante donaciones anuales que sostienen proyectos destinados a mejorar la vida de niños en riesgo. Amaia Marquinez, Directora General de Clarins en España, expresó durante el evento el deseo de que más empresas se sumen a este tipo de iniciativas, convencida de que los niños que crecen con amor, protección y oportunidades serán los adultos capaces de construir un futuro más humano.

Este premio no es solo un reconocimiento individual: es una invitación a reflexionar sobre el tipo de sociedad que estamos construyendo. La historia de Susana Cañas Rey demuestra que el compromiso con la infancia no necesita reflectores, pero sí necesita apoyo colectivo. En un mundo que a menudo va demasiado deprisa, detenerse para mirar a los niños —a los que están cerca y a los que quedan fuera del foco— es un acto de humanidad que debería estar al alcance de todos. Ojalá que premios como este sigan recordándonos que invertir en infancia es, sin duda, la mejor inversión posible.

Salir de la versión móvil