Miele traduce el legado de Gaudí en piezas de uso cotidiano

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Fotografía: Cortesía de Miele

Algunos homenajes no miran al pasado como archivo, lo activan desde el presente. En el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, Miele propone una lectura íntima de su legado: trasladar el trencadís —esa piel fragmentada y vibrante que define el modernismo catalán— al universo de los electrodomésticos. Un ejercicio donde lo cotidiano se eleva y la tecnología adquiere una dimensión emocional.

El escenario elegido refuerza esa conversación. Torre Bellesguard, una de las obras más discretas y enigmáticas de Gaudí, se convierte en el espacio donde pasado y presente se cruzan. Entre líneas góticas reinterpretadas y vistas abiertas a Barcelona, la marca revela una instalación que se acerca más a una galería que a un showroom.

Fotografía: Cortesía de Miele
Fotografía: Cortesía de Miele

La intervención toma forma en tres piezas: un frigorífico, una lavadora y un horno. Objetos que, despojados de su anonimato industrial, se transforman en superficies narrativas. Cada uno ha sido intervenido mediante la técnica del trencadís, convirtiéndose en un lienzo donde la fragmentación construye identidad.

Detrás de este proceso está Marta Eri, quien traslada la esencia del oficio a un contexto inesperado. Su trabajo respeta la lógica artesanal: fragmentar, seleccionar, colocar. Cada pieza responde a una coreografía manual que exige precisión y sensibilidad, donde cada decisión define el resultado final.

Fotografía: Cortesía de Miele

El objetivo es trascender lo estético. Funciona como una declaración. Miele demuestra que la innovación puede convivir con la memoria, y que el diseño actúa como puente entre disciplinas. En estas piezas, la tecnología deja de ser invisible para convertirse en presencia, en textura, en relato. Una forma de conmemorar el legado de Gaudí desde el presente, con intención.

Fotografía: Cortesía de Miele
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