Alvin Ailey fue un bailarín y coreógrafo estadounidense. Negro. No es una anécdota el color de su piel cuando se crece en Texas en los años 30 del siglo pasado: su madre trabajaba en los campos de algodón en una comunidad vertebrada por la espiritualidad y la iglesia con todo lo que ello implica: blues, gospel y la teatralidad de las ceremonias. Por ejemplo: hombres y mujeres vestidos de blanco en procesión hacia el río para bautizarse sumergiéndose en sus aguas, como recuerda el propio Alvin Ailey en el documental Retrato de Ailey.
“Yo creo movimiento –explica en ese documental–. Mis raíces son el blues y la gente cuya vida está llena de belleza, de miseria y esperanza. Mis raíces están también en la iglesia gospel y en los himnos espirituales. Soy un hombre negro cuyas raíces son el sol y la suciedad del sur”.
Todo ello está presente en su obra. Él murió en 1989, pero su legado, amplio y admirado, permanece. Y ahora, entre el 14 y el 18 de octubre, llega al Teatro Real de Madrid.
Ailey entró en contacto con la danza siendo aún un niño, cuando se mudó a Los Ángeles con su madre. En 1958, fundó el Alvin Ailey American Dance Theater, con la idea de preservar, a través de la danza moderna, la cultura afroamericana, pero con la intención, también, de trascender las barreras raciales y conectar con la humanidad de las personas. De aquella época data una de sus obras más icónicas, Revelations, que podrá verse, por cierto, en el Teatro Real.
Con una concepción de la creación adelantada a su tiempo, Ailey invitó a participar en su proyecto a bailarines y coreógrafos de todos los orígenes para crear un “hogar de la danza” donde mostrar, preservar y crear sus trabajos, pero también para formar, practicar y realizar programas sociales comunitarios, dando origen a una organización y sistema de trabajo inédito hasta el momento. A lo largo de su vida, además de la compañía, el artista neoyorquino creó el Alvin Ailey American Dance Center (ahora, The Ailey School); el Alvin Ailey Repertory Ensemble (ahora Ailey II) y el AileyCamp, un campamento de verano para niños donde exploraban su creatividad a través de la danza y las artes.
El Alvin Ailey American Dance Theater, dirigido ahora por Alicia Graf Mack, ofrece en el Teatro Real dos programas distintos: uno, centrado en el legado; el otro, en nuevas obras. El primero reúne algunas de las creaciones históricas de su fundador: Nigth Creature (fragmentos) Cry y A Song for you. El segundo es una muestra de obras posteriores y actuales de coreógrafos como Judith Jameson, Medhi Walerski, Lar Lubovitch y Jamar Roberts, de los que se pueden ver Blink of an eye, A case of you, Many Angels y Song of the Anchorite. Ambos programas incluyen como colofón la interpretación de Revelations, la coreografía icónica de Ailey en la que se rinde tributo a la herencia cultural afroamericana y en la que conviven el ballet clásico, la danza moderna y el jazz.
A lo largo de su vida, Ailey colaboró con otros destacados artistas estadounidenses, como Romare Becaren, Duke Ellington, Langston Hughes y Mary Lous Williams, entre otros. Recibió las más altas distinciones en el ámbito artístico, incluyendo los Honores del Centro Kennedy en 1988, en reconocimiento a su contribución a la cultura estadounidense. En 2014, recibió póstumamente la Medalla Presidencial de la Libertad —la máxima distinción civil del país— en reconocimiento a su compromiso con los derechos civiles y la danza en Estados Unidos. Cuando falleció, el 1 de diciembre de 1989, The New York Times afirmó: “No era necesario conocerlo personalmente para conmoverse con su humanidad, entusiasmo, exuberancia y su valiente defensa de la fraternidad multirracial”.
