Jetfly, buen vuelo

13 08 2024 sc

La aviación privada crece en el mundo: en torno al 2,7% de media (algo menos en Europa; el doble en Norteamérica; en negativo, y mucho, en África, según datos de WingX 2025 Report). Y es cara, sin duda, al alcance de unos pocos, pero hay formas algo menos onerosas de disfrutar de sus ventajas. Como la propiedad fraccionada que, básicamente, pasa por comprar junto a otros usuarios no tanto un avión como el derecho a disfrutarlo y dejar así en manos de la empresa matriz obligaciones, algunas de ellas también costosas, como el mantenimiento, el contrato de pilotos y personal de a bordo y todo lo necesario para una absoluta disponibilidad 24/7.

La empresa Jetfly lleva algo más de 25 años dedicándose a ello. Nació en Luxemburgo en 1999, con una flota inicial de tres aviones –entonces Socata TBM 700–. Ahora, la localización es la misma, pero todo lo demás ha crecido, y mucho: su cuartel general es un espectacular edificio ecosostenible y cuenta con 250 pilotos en plantilla para una flota en propiedad de 70 aviones que ya han realizado más de 250.000 horas de vuelo. Y la cifra de clientes –algo así como ‘propietarios en usufructo’ de esos aparatos– supera los 500. También ha aumentado, por cierto, el peso de Jetfly en el sector: en 2025, su demanda creció en torno al 5%, es decir, casi el doble que la media europea.

En la página siguiente: El tamaño y maniobrabilidad de los aviones de Jetfly les permite alcanzar y aterrizar en pequeños aeródromos privados cercanos al destino. En la imagen, un Pilatus PC-24 con la banda amarilla que el diseñador Philippe Starck incorporó a sus acabados.

Cada uno de esos aviones se ‘divide’ en 16 partes que son las que ‘compran’ otros tantos clientes, junto a un cupo de horas de vuelo anuales. Las cifras varían, pues dependen del modelo de avión elegido –Jetfly cuenta con tres tipos, con tamaño, alcance y capacidad diferentes–, pero digamos que hay que pagar una cantidad inicial de ‘compra’ que va de unos 220.000 euros a una cuantía superior al millón; que hay que añadir una cuota todos los meses que oscila entre los dos mil y pico y los casi diez mil dependiendo no solo del tipo de avión sino también del número de horas adquiridas; y que, además, cuando por fin se vuela, hay que volver a pagar entre tres mil y siete mil por cada hora de uso.

¿Caro? Bueno, hagan números teniendo en cuenta que le costaría poseer el más sencillo de los aviones disponibles en Jetfly unos tres millones de euros y en torno a diez el más completo. Eso sí, con equipamiento estándar y sin contar gastos.

“El punto fuerte de Jetfly no es tanto ser una opción más o menos barata como la confianza que inspira una compañía y un equipo experimentado; la disponibilidad absoluta que garantiza [con la posibilidad de reservar fácilmente a través de una aplicación, una llamada telefónica o un email]– o el servicio premium que presta”, explica la directora de la compañía en España, Andorra y Portugal, Alazne Bilbao, en un hotel boutique de La Rioja, al que hemos llegado a bordo de uno de los aviones de la compañía tras aterrizar en el aeropuerto de Logroño apenas 40 minutos después de despegar de la terminal ejecutiva del aeropuerto Adolfo Suárez Madrid-Barajas.

Y sí, también puede ser cuestión de dinero: solo se abonan las horas a bordo, sin tarifas de posicionamiento ni de cancelación, y existe la opción de compartir el vuelo con otros propietarios de Jetfly, además de acceder en ocasiones gratuitamente a vuelos vacíos.

Los siguientes dos factores que hacen atractiva la opción de Jetfly entroncan, ahora sí, con el glamur más elevado: los acabados de todos los aviones de la flota están firmados por el diseñador Philippe Starck; y el tamaño y maniobrabilidad de los aparatos les permite acceder y aterrizar, además de a los aeropuertos comerciales, a los pequeños aeródromos privados más cercanos al destino, y eso incluye nombres tan evocadores como La Môle, a diez minutos del puerto deportivo de St-Tropez; Lido, a cinco minutos de Venecia; Saanen, a nueve minutos de la estación de esquí de Gstaad; o a Norderney, Wangerooge & Rugen, un paraíso en el corazón de las Islas del Norte de Alemania.

Y eso es posible –ahora sí toca hablar de ellos– por la tipología de los aviones que componen la flota de Jetfly:

Por cierto, todos se venden a los diez años de vida, de forma que la flota se renueva con cuatro o cinco incorporaciones cada año.

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