
JUAN LUIS GALLEGO
FOTOGRAFÍA: CUCO CUERVO
En estos tiempos de turistificación, no es fácil dotar a un destino de identidad propia. Gran Canaria, esa isla de silueta circular en el corazón del archipiélago, a veces opacada por el tirón de Tenerife o el exotismo de Lanzarote, lo ha conseguido. Y en eso tiene mucho que ver Gran Canaria Redonda, el paraguas que aúna la oferta turística de la isla, agrupada, a su vez, en Clubs de Producto, wellness y salud, náutico, rural y cicloturismo. Muchos intereses privados y apoyo público, con un objetivo común, “El desarrollo del turismo ha propiciado un importante desarrollo económico que ha permitido que nuestras gentes arraiguen en la tierra que les vio nacer. Nuestra ambición como empresarios turísticos es seguir generando trabajo y riqueza para nuestra comunidad”.
Quien así habla es Nicolás Villalobos Mestres, presidente de Gran Canaria Redonda y cabeza visible, por tanto, del crecimiento de la isla, que “lleva años sumando récord tras récord en el número de turistas, en los ingresos derivados del turismo y en el empleo directo e indirecto vinculado al turismo. Quiero pensar –añade Villalobos– que algo bien hemos hechos desde la isla con nuestros esfuerzos por mejorar la oferta y darla a conocer en los principales mercados emisores”.
Que hay mimbres de partida para ello es evidente. Gran Canaria es conocida como el continente en miniatura, precisamente por acoger, en apenas una extensión de 50 km de diámetro, “maravillosas playas de fina arena dorada, bosques de laurisilva, fascinantes cumbres, una vibrante urbe llena de historia y colorido, pintorescos pueblos de pescadores…”. El complemento, en cierto modo, ha venido de la mano del ser humano, “Los grancanarios –continúa Villalobos– llevamos décadas trabajando por desarrollar, sobre ese maravilloso lienzo, una oferta alojativa de primer nivel y por mejorar día a día la oferta de experiencias a disposición del visitante, desde las gastronómicas, a las de bienestar, sin descuidar las deportivas. Los millones de repetidores que nos visitan año tras año son el mejor reconocimiento del éxito de la simbiosis de territorio y esfuerzo de sus gentes a la hora de ofrecer experiencias vacacionales memorables”.
¿Son demasiados visitantes, puede la turistificación llegar a ser un problema? El presidente de Gran Canaria Redonda no comparte esa visión. Es cierto que los habitantes no llegan al millón, mientras los turistas sumaron el año pasado 4,85. No vienen todos a la vez, así que la media, puntualiza Villalobos, es de 90.000 turistas al día, es decir, uno por cada 10 habitantes. Y ese 10% de visitantes genera el 40% del PIB directo en un territorio que, antes del advenimiento del turismo de masas, abocaba a su gente a la emigración económica.
La unión de una oferta tan diferenciada bajo el firma de Gran Canaria Redonda –“el isleño tiene una predisposición natural a cooperar con sus paisanos”– ha propiciado, además, la diversificación del perfil del visitante, en invierno acuden, sobre todo, ciudadanos del norte de Europa, la media de edad es más alta y también la renta y, entre los deportistas, abundan los ciclistas, en verano, el origen mayoritario es peninsular, con un público más joven e interesado en actividades náuticas.
Nicolás Villalobos Mestres, por cierto, es hijo de Nicolás Villalobos de Paiz, fallecido este año, un insigne en la isla, concejal, consejero insular y diputado, fundador del grupo hotelero Cordial y, en palabras de su hijo, “un verdadero gentleman”.