
Los Juegos Olímpicos de Invierno surgieron en 1924, en Chamonix, como una respuesta lógica a una realidad deportiva distinta: había disciplinas que no podían existir bajo el sol del verano. La nieve, el hielo y la montaña exigían otro calendario, otra preparación y otra forma de competir. Con el tiempo, esta rama olímpica dejó de ser un apéndice para convertirse en un territorio propio, con reglas, ritmos y públicos específicos.
La separación definitiva entre Juegos de verano e invierno, establecida en 1994, fue clave para consolidar esa identidad. Al alternarse, los Juegos de Invierno ganaron visibilidad y profundidad narrativa. Ya no eran una versión reducida del olimpismo, sino un evento con peso técnico, exigencia física extrema y una lógica deportiva distinta, donde el margen de error se mide en milésimas y la preparación es tan mental como corporal.
Milano Cortina 2026 se inscribe en esa evolución. Italia reparte las competencias entre ciudad, montaña y valle, construyendo un mapa olímpico amplio y estratégico. Milano alberga sedes clave como el Milano Ice Skating Arena, el Milano San Siro Olympic Stadium, el Milano Santagiulia Ice Hockey Arena, el Milano Speed Skating Stadium y el Milano Rho Ice Hockey Arena. A ellas se suman espacios históricos y naturales como el Cortina Curling Olympic Stadium, el Cortina Sliding Centre, el Tofane Alpine Skiing Centre, Anterselva Biathlon Arena, Stelvio Ski Centre, Livigno Snow Park, Livigno Aerials & Moguls Park, Tesero Cross-Country Skiing Stadium, Predazzo Ski Jumping Stadium y la Verona Olympic Arena.
La imagen del evento también comunica. La mascota olímpica, Tina, una armiña inspirada en la fauna de los Alpes italianos, representa valores clásicos del olimpismo como la amistad, el respeto y la excelencia. Para los Juegos Paralímpicos, Milo —otra armiña— pone el acento en la inclusión, la determinación y la superación. No son figuras decorativas: funcionan como símbolos de un movimiento que busca coherencia entre discurso y práctica.
España llegó a Milano Cortina 2026 con una delegación de 20 deportistas, repartidos en múltiples disciplinas. En esquí de montaña compiten Oriol Cardona, Ot Ferrer, Ana Alonso y María Costa. En esquí de fondo, Bernat Sellés, Jaume Pueyo y Marc Colell representan una especialidad de resistencia pura. En snowboard, Lucas Eguibar, Álvaro Romero, Queralt Castellet y Nora Cornell sostienen una de las presencias más consolidadas del equipo español.
El patinaje artístico es uno de los focos principales. Tim Dieck y Olivia Smart avanzan como una de las parejas con opciones reales en la competencia por medalla, mientras que Asaf Kazimov y Sofía Val ya alcanzaron la final, confirmando un crecimiento sostenido. A ellos se suma Tomás Guarino, ampliando una disciplina que ha ganado peso dentro del panorama invernal español. En patinaje de velocidad participan Nil Llop y Daniel Milagros, y en esquí alpino compiten Joaquín Salarich y Arrieta Rodríguez, completando una delegación diversa y técnicamente sólida.
Milano Cortina 2026 no promete espectáculos grandilocuentes, promete precisión, exigencia y contexto. Los Juegos de Invierno funcionan bajo otra lógica: menos margen, más riesgo, más técnica. España llega a este escenario no como excepción, sino como parte activa de un invierno olímpico que ya no se observa desde lejos, se compite.