
Redacción Gentleman España
El reloj de buceo nació como un instrumento profesional y su relevancia permanece intacta. Para un buzo, la precisión es cuestión de seguridad. Y para el hombre contemporáneo, un diver auténtico representa una combinación ideal de ingeniería, resistencia y estética. No todos los relojes resistentes al agua cumplen con estos requisitos. Solo aquellos que obedecen a la norma ISO 6425 pueden considerarse verdaderos relojes de buceo.
La ISO 6425 establece que un diver debe soportar al menos 100 metros de profundidad sin comprometer su precisión. En la práctica, los fabricantes líderes han superado este estándar. Modelos con 200, 300 metros o más son habituales gracias a coronas y fondos de caja atornillados, juntas reforzadas y sistemas de sellado diseñados para soportar variaciones de presión y temperatura. En piezas especializadas aparece la válvula de escape de helio, indispensable para submarinistas comerciales que pasan días en cámaras presurizadas. Su función es liberar los gases acumulados dentro de la caja durante la descompresión y evitar que el cristal se desprenda.
Un reloj de buceo también debe ofrecer legibilidad absoluta. Bajo el agua, la visibilidad es limitada y en profundidad prácticamente nula. Por eso los índices son grandes, las agujas son anchas y la luminiscencia debe ser intensa y duradera. El segundero suele incluir una punta luminosa para confirmar el funcionamiento del mecanismo en tiempo real. Todo está diseñado para leerse de un vistazo.
El bisel giratorio es otro elemento crítico. Es el indicador que permite medir el tiempo de inmersión, por lo que debe moverse con firmeza y exactitud. Lo más común es que sea unidireccional, para evitar que un golpe accidental reduzca el tiempo marcado y ponga en riesgo al buzo. Antes de descender, la flecha del bisel se alinea con el minutero y, a partir de ahí, el tiempo transcurrido queda perfectamente registrado.
En los relojes mecánicos, la ISO exige precisión dentro de un margen de más/menos 30 segundos al día y resistencia antimagnética de al menos 4,800 amperios. Además, la construcción debe realizarse en materiales capaces de soportar corrosión, golpes y uso intensivo. El acero inoxidable de grado quirúrgico y el titanio son los más comunes en cajas y brazaletes para garantizar durabilidad en agua salada.
Aunque los relojes estancos existen desde los años veinte, los divers modernos se consolidaron en el siglo XX como una necesidad militar. Hoy su función va más allá del buceo. Su robustez, su estética técnica y su versatilidad los hacen piezas clave tanto para actividades deportivas como para un estilo masculino que valora la ingeniería visible. Es una categoría que no pierde vigencia y que sigue marcando el estándar del lujo funcional.