
Con el Día del padre a la vuelta de la esquina, es sensato tener un plan aterrizado, algo especial que transforme una comida cualquiera en un recuerdo que se quede dando vueltas en la calidez de la memoria. Más que regalos envueltos, lo que suele permanecer es la conversación que se estira entre platos y esa sensación reconfortante de estar juntos. Este 19 de marzo, la ciudad ofrece distintas mesas donde celebrar a papá como merece: comiendo bien y sin prisa.
Entre brasas encendidas y producto de temporada aparece Candeli, un clásico contemporáneo en Chamberí que entiende la celebración a través del fuego y la materia prima impecable. Aquí el ritual comienza con platos como los calçots y continúa con algunas de sus carnes más celebradas: la hamburguesa de vacuno mayor, las chuletas de cordero lechal al carbón de encina o la presa ibérica 100% bellota de Julián Martín. El final, para quienes creen que el postre también merece atención, puede llegar en forma de un flan de huevo con trufa que aparece fuera de carta y que suele provocar silencio en la mesa.
Para quienes encuentran en la cocina tradicional una forma de afecto, La Guisandera de Piñera propone una celebración con acento asturiano en el norte de la ciudad. Su carta está construida alrededor de recetas que reconfortan desde el primer bocado: la fabada que llega humeante a la mesa, el pitu de caleya servido en arroz o guisado, o un cachopo de solomillo que se ha vuelto ya parte de la identidad de la casa. La sobremesa se vuelve inevitable entre arroz con leche cremoso, tarta fina de manzana o un soufflé de chocolate, mientras la bodega —con más de 300 referencias— permite brindar con vinos asturianos de la D.O.P. Cangas.
Para los padres que disfrutan descubrir sabores nuevos, Nunuka propone un pequeño viaje al Cáucaso sin salir de Madrid. Este bistró georgiano, recomendado durante tres años consecutivos por la Guía Michelin y creado por Nino Kiltava, gira alrededor de la memoria familiar y las recetas de su abuela, Nunuka, adaptadas con sensibilidad al ritmo madrileño. En la mesa aparecen platos como el badrijani nigvzit —berenjenas rellenas de nueces—, los jugosos khinkali o el khachapuri recién horneado, acompañado por vinos georgianos como el Saperavi Qvevri o el Mukuzani.
Si la idea es convertir la celebración en una experiencia con vistas, Picalagartos Sky Bar & Restaurant eleva la ocasión a la octava planta de Gran Vía 21. Con un diseño renovado y una cocina contemporánea dirigida por el chef ejecutivo de Azotea Grupo, Manuel Berganza, el espacio propone platos pensados para compartir mientras la ciudad se extiende bajo las ventanas. Entre las opciones aparecen raviolis de pato salteados al carbón con hojas anisadas o una generosa chuleta de lomo bajo de vaca, perfectos para acompañar un brindis al atardecer.
Para quienes prefieren una celebración con el peso de la historia y la precisión de la alta gastronomía, Zalacaín continúa siendo una referencia inevitable. Su cocina —que mezcla tradición navarro-francesa con un aire contemporáneo— mantiene platos icónicos como el Búcaro “Don Pío”, el Wellington de centro de solomillo con crema de granadas y salsa de cinco pimientos o la lasaña de hongos y foie. El final puede llegar con las crepas preparadas frente al comensal que cierran la experiencia con la misma elegancia con la que empezó.
Cinco mesas, cinco maneras distintas de celebrar, pero una misma idea: el mejor regalo sigue siendo sentarse juntos, pedir algo bueno para compartir y dejar que la conversación haga el resto. Porque el Día del Padre, al final, no se trata tanto de encontrar el plan perfecto como de regalar tiempo alrededor de una buena mesa.