
Detalle de la entrada al Club
Metrópolis por la calle
de Alcalá y la reconocible
cúpula del edificio, coronada
por Victoria Alada, una
escultura de bronce obra de
Federico Coullaut Valera,
añadida en 1977.
JUAN LUIS GALLEGO
FOTOGRAFÍA: JACOBO MEDRANO
Ya hay lista de espera para convertirse en socio del flamante Club Metrópolis. Antes de abrir sus puertas hace apenas unas semanas, a finales de enero, el cupo inicial de 1.500 plazas ya había sido cubierto. Ninguno de ellos, de estos primeros miembros inaugurales, sabía a ciencia cierta de qué exactamente pasaba a formar parte, con una sede aún inmersa en unas larguísimas obras, pero no dudaron en pagar los 2.000 euros de inscripción y los 3.500 de cuota anual que cuesta la membresía. Que el Grupo Paraguas estuviera detrás ya era una garantía: el emporio gastronómico que han levantado Sandro Silva y Marta Seco, con algunos de los espacios más emblemáticos de Madrid –Amazónico, Ten con Ten, The Library, Ultramarinos Quintín, entre otros–, exhibe, como gustan decir en la casa, un lujo natural y cosmopolita, exclusivo pero alejado de incómodas rigideces, que ha conquistado a una ciudad en la que abunda la competencia. Que el espacio escogido para levantar el proyecto fuera el icónico edificio Metrópolis aportaba, además, un indiscutible atractivo. Si a ello sumamos que Lázaro Rosa-Violán se encargaría del interiorismo, los ingredientes auguraban el mejor resultado.
Las reseñas de prensa hablan de “oasis de exclusividad”, de “sofisticado refugio”, de “referente internacional”. Pero hay iniciativas que ni los más expertos en técnicas de comunicación pueden condensar en un mensaje. Es tal la magnitud del proyecto, tal la magnificencia de lo creado que, probablemente, tampoco estas páginas logren abarcarlo. Comencemos por hablar del edificio, probablemente, junto a la Puerta de Alcalá, uno de los monumentos más fotografiados y reconocibles de la ciudad. Es, efectivamente, un Bien de Interés Patrimonial, inaugurado en 1911 como sede de la histórica compañía de seguros La Unión y el Fénix Español y que, sin embargo, el paso del tiempo había convertido en un cascarón prácticamente sin contenido que acumulaba, en alguna de sus plantas, grises paneles de oficina y, en otras, polvo, mucho polvo. Han sido necesarios cinco años de reformas para convertirlo en lo que ahora es. Que en la recuperación de las cristaleras del patio interior hayan intervenido restauradores del Museo del Prado da una idea, por un lado, del escrupuloso respeto con que se ha enfrentado el valor patrimonial del edificio; por otro, de la excelencia del resultado perseguido.
El Club Metrópolis es, sobre todo, un club privado que, bajo el lema de Tiempo para vivir, se presenta como un refugio para el culto a la excelencia y la exquisitez sin ostentación; como un referente de un nuevo estilo de vida en el que se mezclan gastronomía, música y una completa agenda de experiencias que promete más de 200 al año, incluyendo viajes, eventos, manifestaciones culturales o fiestas privadas. Es decir, los socios son los protagonistas indiscutibles. Pero no solo. En las ocho plantas del edificio se distribuyen un total de siete propuestas gastronómicas, hasta el punto de que no es descabellado afirmar que la gastronomía –razón de ser del Grupo Paraguas– es el corazón del proyecto y el lenguaje que lo vertebra. De esos siete espacios, todos con identidad propia, tres están abiertos al público, distribuidos en las plantas -1 y 0: una zona de ocio nocturno que combina espacio de baile y DJ con una parrilla para el consumo de langostas; una reinterpretación de la taberna española que eleva a otro nivel clásicos nacionales, y una barra dedicada a los productos del mar. También están abiertas al público las plantas 3 y 4, sedes de un exquisito hotel boutique de 19 suites con vistas privilegiadas a Cibeles, Alcalá, El Retiro o la Gran vía.
El club acoge en sus
plantas 3 y 4 un hotel
boutique con 19 suites
–con la Suite Circular
como la propuesta más
elevada–. Los huéspedes
podrán disfrutar durante
su estancia de las
instalaciones del club
reservadas para socios.
El resto, exclusivo para socios, incluye algunas de las joyas de la corona –de las que, por cierto, no se han difundido apenas fotos públicas, como tampoco se permite hacerlas a los socios–: el restaurante Victoria, en palabras de Antonio Menéndez, director de Club Metrópolis, probablemente “la propuesta más elevada”, en términos culinarios, vinícolas o de servicio y detalle, acometida nunca por el Grupo Paraguas; la Sala Lounge La Galería, el espacio más social del club, con snacks y platos ligeros; un espacio polivalente para celebrar eventos culturales o acoger clases de yoga, además de un gimnasio… Y, arriba, la llamada a convertirse en la terraza más exclusiva de Madrid, bajo la compañía eterna de Victoria Alada, la icónica escultura obra de Federico Coullaut Valera añadida al edificio en 1977 y que preside la concurrida intersección de la Gran Vía y la calle Alcalá: bajo la escultura, el interior de la cúpula albergará una coctelería; el espacio abierto que se extiende a sus pies, una terraza con la parrilla y las brasas como protagonistas.
No parece exagerado vaticinar que el Club Metrópolis es, desde su nacimiento, una referencia internacional en el sector, aunque con un inconfundible acento español. “Queríamos crear un lugar con alma, un espacio al que siempre quieras volver, donde la experiencia va más allá de lo gastronómico: tiene que ver con los sentidos, la luz, la belleza y el tiempo consciente y compartido. Creemos profundamente en lo español, en Madrid, en nuestra cultura y en nuestra manera de relacionarnos”, explica Marta Seco.
“Metrópolis es un viaje por Madrid, por su manera de vivir, de encontrarse, de disfrutar. Cada planta tiene su propia vida, su ritmo y su personalidad. Aquí pasan cosas diferentes en cada espacio”, señala Sandro Silva. “Intervenir un edificio tan representativo de Madrid ha sido como trabajar sobre una pieza casi sagrada. Metrópolis guarda muchas capas de historia que hemos querido respetar”, añade Lázaro Rosa-Violán. En total, unos 450 trabajadores prestan servicio en el club. La hospitalidad, como seña de identidad. Toca esperar: el Club Metrópolis prevé ampliar el cupo de socios en un futuro cercano.