El verano tiene un escondite en Gran Canaria

Seaside GHR Pool 1
foto: cortesía

Existe un instante muy preciso en las vacaciones: ese momento en el que el teléfono deja de importar y el ruido pierde volumen. No ocurre por azar. Algunos lugares parecen diseñados para provocar exactamente esa sensación, como si protegieran a quien cruza sus jardines del vértigo cotidiano.

Frente a las Dunas de Maspalomas, Seaside Grand Hotel Residencia vive con esa filosofía. Ningún gesto busca llamar la atención; todo invita a desaparecer un rato. Quizá por esa razón figuras acostumbradas a convivir con cámaras y titulares regresan una y otra vez a este rincón de Gran Canaria.

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Por sus habitaciones han pasado nombres que pertenecen a mundos muy distintos: Orlando Bloom, Bruce Springsteen, Ursula Andress, Paz Vega, Georgina Rodríguez, José Coronado, Juan Luis Guerra o Miguel Induráin. La lista cambia con los años, aunque el motivo permanece intacto: encontrar un espacio que no exige protagonismo.

El hotel habla un lenguaje poco frecuente dentro del turismo de alta gama. Setenta y tres habitaciones, jardines exuberantes, patios de inspiración colonial y un spa que acompaña el ritmo pausado del paisaje dibujan una atmósfera que respira al mismo compás que el océano. Cada detalle parece ocupar exactamente el lugar que necesita.

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La experiencia continúa en la mesa. Wolfgang Grobauer convirtió la gastronomía en una conversación con el territorio, apoyado en producto fresco del archipiélago y una cocina mediterránea que privilegia la precisión antes que el espectáculo. Un Sol Repsol respalda esa propuesta, aunque la memoria suele quedarse con los sabores y no con los reconocimientos.

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Quizá el lujo español encuentre aquí una de sus versiones más interesantes. No aparece cubierto de excesos ni de destellos; se parece a una puerta entreabierta, al rumor del viento sobre la arena y a la posibilidad, cada vez más escasa, de pasar completamente desapercibido.

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