Los pasos para la mejor expresión del habano

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foto: cortesía Tabacalera

El disfrute de los Habanos comienza mucho antes de la primera degustación. El corte, el encendido y la conservación construyen una secuencia precisa en la que cada gesto prepara el siguiente. La atención puesta en esos instantes transforma la experiencia en un recorrido pausado, lleno de matices y sensaciones.

foto: cortesía Tabacalera

El primer movimiento es el corte. Retirar únicamente la perilla o gorro del habano permite conseguir un tiro cómodo sin dañar la capa —delicada hoja exterior que lo envuelve—. Para lograrlo, la guillotina de doble hoja es una de las herramientas preferidas gracias a su corte limpio, preciso y uniforme.

Después llega el fuego, un momento que pide calma y cuidado. Una cerilla de madera o un encendedor de gas butano permiten evitar aromas que puedan alterar el sabor. Antes de la primera calada, el habano se enciende suavemente, procurando que la llama no toque directamente la capa y girándolo lentamente hasta conseguir una combustión uniforme. Así, sus aromas y matices pueden expresarse con mayor claridad.

foto: cortesía Tabacalera

La conservación completa el ritual. Un humidor adecuado mantiene una humedad relativa cercana al 65 % y una temperatura estable entre 16 y 18 °C, condiciones que ayudan a preservar la suavidad, los aceites esenciales y las cualidades organolépticas del habano. Mantenerlo alejado de la luz directa, el calor y los olores intensos también contribuye a proteger su carácter.

Cada vitola tiene una personalidad particular y el cuidado comienza desde el primer movimiento. Preparar correctamente un habano permite apreciar su evolución y disfrutar plenamente de sus aromas y sabores, convirtiendo cada momento en una pausa dedicada al disfrute.

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