
Degustar una ciudad además de verla y visitarla es algo imperdible. The Macallan eligió irse por esta dirección: traducir París a un lenguaje más íntimo, el del paladar, en la quinta entrega de su serie Distil Your World. Esta vez, la capital francesa es un ingrediente que se filtra en cada nota, en cada aroma, en cada silencio entre sorbo y sorbo.
Para lograrlo, la casa escocesa volvió a apoyarse en la sensibilidad específica de los Hermanos Roca, cuya cocina —desde El Celler de Can Roca— ha demostrado que la memoria también se puede servir en platos. Juntos han construido algo más que una edición: una narrativa líquida donde el whisky y la gastronomía se entrelazan como dos formas de contar historias.
El resultado nace de la mirada de Kirsteen Campbell, quien convierte la tradición de la destilería en un lienzo abierto. Su interpretación de París no es literal, porque decidió irse por lo emocional: capas de barricas —roble americano y europeo, ex-bourbon y un inesperado guiño de Cognac— que funcionan como barrios, cada uno con su propio ritmo, su propia temperatura, su propio acento.
En boca, el relato se vuelve reconocible y, al mismo tiempo, sorprendente. Hay brioche, mantequilla, frutas maduras, especias suaves; pero también algo más difícil de nombrar: esa mezcla de elegancia y cotidianeidad que define a París. Como caminar por Montmartre al amanecer o entrar a una boulangerie donde el tiempo parece detenido, el whisky oscila entre lo familiar y lo inesperado.
La experiencia se extendió más allá de la copa en una velada donde la alta cocina tomó el relevo. En complicidad con Anne-Sophie Pic, la chef con más estrellas Michelin del mundo, Joan Roca diseñó un menú que se encontraba con el whisky como si ambos hubieran nacido en la misma cocina. Era una conversación: platos y destilado compartiendo un mismo idioma, el de l’art de la table.
Quizá ahí radica el verdadero gesto de esta edición: no en capturar una ciudad, sino en entenderla. París —como este single malt—, se experimenta. Y en ese intento de destilar suesencia, The Macallan firma una botella con un recuerdo que permanece mucho después de haber terminado.