El olor a tierra mojada y musgo envuelve los sentidos nada más pisar las 24 hectáreas de viñedo repartidas entre el Condado do Tea y el Val do Salnés. La hierba fresca cruje bajo el calzado mientras el orvallo atlántico empapa las hojas de los emparrados, revelando el verde vivo que resguarda cada racimo de Albariño. Escuchar el murmullos del río Deva, encajonado en el paisaje, permite comprender el fluir continuo de las tradicionales levadas que canalizan el agua entre las cepas. Este cauce bautiza un proyecto madurado durante una década de silenciosa observación, respeto y aprendizaje junto a los viticultores locales.
Caminar por la subzona del Condado do Tea transmite la calidez del suelo, una radiación solar madura que impregna la piel de las uvas de volumen, cuerpo y una golosa estructura. A pocos kilómetros, la brisa marina del Val do Salnés sacude las cepas con un látigo de salinidad e intensidad, inyectando en la fruta una frescura cortante, una acidez vibrante y una tensión puramente atlántica. La fusión de ambos microclimas configura la espina dorsal de una propuesta de 32.000 botellas, concebida para redefinir el potencial de evolución de esta variedad gallega en los mercados internacionales.
Cruzar las puertas de la bodega en Crecente implica adentrarse en un santuario de precisión, aromas a levadura fresca y humedad atenuada por la piedra. Entre los depósitos y recipientes de crianza, el ambiente respira el eco de la investigación científica desarrollada codo a codo con el CSIC para proteger la diversidad genética de las plantas. Aquí cada decisión se toma sin prisas, ajustando tiempos y materiales según lo que exige cada cosecha para expresar su verdad sin artificios.
La copa de DEIVA 2024 refleja tonos dorados y destellos verdosos que evocan la luz tamizada del mediodía en la ría. Al acercar la nariz, emergen notas sutiles de fruta blanca madura, floress silvestres y una marcada complejidad mineral que recuerda al granito húmedo. Es el perfume puro de Galicia atrapado en vidrio, un equilibrio exacto entre la finura de la crianza y la nitidez aromática del fruto recién vendimiado.
En la boca, el vino entra con una amplitud envolvente que llena el paladar de textura sedosa, desplegando inmediatamente una electricidad salina que despierta las papilas gustativas. La tensión de la acidez sostiene una marcha fluida, precisa y profundamente elegante, dejando un rastro fresco que invita a un nuevo trago. El final, largo y persistentemente atlántico, ratifica que este Albariño nace con vocación de perdurar y ganar peso con el paso de los años.
TEMPOS Vega Sicilia inicia de este modo un camino de largo alcance en suelo gallego, invirtiendo 20 millones de euros en la búsqueda de la excelencia blanca. DEIVA 2024 abre un capítulo histórico que respeta el pulso de la naturaleza, situando la tradición local en la élite vitivinícola mundial.
