
En Makoto Madrid, cada movimiento detrás de la barra parecía tener un propósito. El sonido del hielo al caer sobre el cristal, la medida exacta de cada destilado y la calma con la que los bartenders ejecutaban cada gesto marcaron el ritmo de una sesión que invitó a mirar el cóctel desde otra perspectiva. El restaurante propuso un acercamiento a la cultura japonesa de la coctelería, donde la técnica y la atención al detalle son tan importantes como el resultado que llega a la copa.
La experiencia avanzó como una cata cuidadosamente orquestada. El recorrido comenzó con un Makoto Gin Tonic de perfil limpio y mineral, continuó con la frescura cítrica del Samuray y fue ganando profundidad con un Old Fashioned umami aromatizado con madera de cerezo. Después llegaron un Hugo Spritz de carácter herbal y un Bloody Mary preparado mediante la técnica del throwing, antes de cerrar con un Patrón Expreso donde el café, el matcha y una espuma sedosa construida mediante reverse dry shake ofrecieron un final intenso y envolvente.
Cada elaboración permitió descubrir una técnica distinta. El ritual del highball japonés, el hard shake, el stir, el doble colado o el control de la dilución dejaron claro que detrás de un buen cóctel existe una suma de decisiones casi imperceptibles. La calidad y el tallado del hielo, la temperatura de la cristalería o el equilibrio entre los ingredientes demostraron que pequeños detalles pueden transformar por completo la experiencia de beber.
Con esta iniciativa, Makoto Madrid amplió su propuesta gastronómica trasladando parte de la esencia de las barras de Ginza al corazón de la capital. Fiel al universo creado por el chef Makoto Okuwa, el restaurante volvió a demostrar que la cocina y la barra hablan un mismo lenguaje: el de la precisión, el respeto por la técnica y la búsqueda constante del equilibrio en cada creación.
