Tomar café, un acto inconfundible

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Fotografía: Cortesía de Lavazza

El café se reconoce antes de verse: aparece en el aire, se instala en la memoria y convoca. Hay aromas que despiertan la mañana y otros que sostienen una sobremesa larga; el café pertenece a ambos mundos, al de la intimidad silenciosa y al del tiempo compartido. Caliente o frío, corto o largo, con leche espumosa o desnudo, con azúcar o sin él, cada versión dice algo distinto de quien lo elige y del momento que atraviesa. Una taza de café no se bebe solo con el paladar: se acompaña con pausas, miradas y palabras que fluyen mejor cuando hay calor entre las manos.

Fotografía: Cortesía de Lavazza

Desde esa relación tan cotidiana y emocional nace la colección 1895 Coffee Designers de Lavazza, presentada en Madrid Fusión como una lectura contemporánea del café de especialidad. Una propuesta creada para la alta gastronomía y la hostelería de gran nivel, donde cada café está pensado para integrarse en la experiencia completa de la mesa y el servicio, elevando lo cotidiano hacia un territorio más sensorial y consciente.

Fotografía: Cortesía de Lavazza

La colección reúne specialty blends, single origins y microlotes ganadores de la Cup of Excellence, todos desarrollados en Factory 1895 en Turín, un espacio de investigación y excelencia donde el café se trabaja con precisión y respeto por su origen. Cada perfil aromático se revela de forma distinta según la temperatura, la textura o la preparación, invitando a descubrir capas, recuerdos y matices en cada sorbo.

Fotografía: Cortesía de Lavazza

Albert Adrià, embajador de esta colección, representa una forma de acercarse al café desde la sensibilidad y el rigor creativo. Incluso en los escenarios más refinados, el café conserva su papel esencial: acompañar el tiempo compartido, sostener una charla y dejar que el aroma marque el ritmo de un momento que permanece más allá de la taza.

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