Cartier, en el origen de la aviación

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Alberto Santos-Dumont fue un inquieto empresario e inventor, pionero en hacer volar artefactos diseñados por él mismo, como el de la imagen.

Ricardo Balbontin

La historia puede ser un gran argumento para entender el porqué de algunos éxitos. En Cartier, hay éxitos que solo se entienden por su historia. Y es que la innovación, la audacia y hasta un punto de osadía han presidido siempre un trabajo que, sin perder de vista la debida elegancia, ha ido un paso por delante. Entre todos los grandes momentos vividos alrededor de su creatividad, hay sin duda uno clave alrededor de su relojería, y que se data en los primeros años del siglo XX, con el nacimiento del reloj Santos.

El fondo de los últimos Santos Dumont llegados a la colección se distingue por incorporar la firma del aviador brasileño.

Antes de nada, hay que situarse en aquella época: los relojes de bolsillo definían –y tardarían unos años en ser sustituidos por los de pulsera– el estilo del hombre elegante. La lectura del tiempo en aquellos años no se regía por los mismos paradigmas actuales ni tampoco la precisión de los movimientos de cuerda manual era como hoy la entendemos. Por supuesto, pocos habían imaginado llevar el reloj en la muñeca, algo impensable y apenas concretado en alguna propuesta destinada a la mujer.

En este panorama, llegó la insólita petición del filántropo, inventor y aviador brasileño Alberto Santos-Dumont. Amigo personal de Louis Cartier, le pidió a este que le construyera un reloj que pudiera sujetarse en la muñeca. El reto tenía su sentido práctico. Necesitaba ver la hora cuando probaba sus artefactos voladores y esa era una tarea imposible cuando se estaba a bordo de uno de ellos, más preocupado por hacerlos volar. Sin embargo, en aquellos cortos periodos de vuelo, el control del tiempo era algo más que necesario.

A partir de ahí, lo que entró en escena fue la capacidad de Cartier para recrear la petición en forma de reloj. Un reloj tan característico como para que haya resistido el paso del tiempo respetando los códigos iniciales del que ha sido considerado el primer reloj de pulsera. Nacido en 1904, es desde entonces uno de los iconos que definen la creatividad en la maison.

Caudal creativo


lberto Santos-Dumont, con un plano de uno de sus proyectos.

Desde su relanzamiento, el reloj Santos-Dumont se ha mantenido fiel a la elegancia que ofrecía el modelo original. En realidad, cuando hablamos del Santos de Cartier, lo estamos haciendo de un reloj que ha sido apreciado por distintas generaciones de coleccionistas, que han encontrado en su diseño de forma una serie de detalles refinados y elegantes, que respetan en todo momento los códigos emblemáticos establecidos en la colección: pureza de diseño y simetría de líneas que evocan la geometría parisina.

Santos-Dumont ofrece de este modo un espacio reconocible desde el que se rememora una historia que reinterpreta con sutileza la figura de un reloj que nació para aquella incipiente aviación y que el tiempo ha convertido en un ejercicio de estilo tan reconocible como exitoso. Da igual cuántas nuevas propuestas se presenten; la imagen poderosa, al tiempo que refinada, del Santos está omnipresente.

Como muestra de ello, las últimas creaciones de la línea Santos-Dumont, que juegan con unos acabados perfectos, declinados en oro rosa, amarillo o platino, y lo hacen en un tamaño extragrande (33,9 x 44,6 mm de diámetro) e incorporando en su interior el movimiento de cuerda manual 430 MC. Hay otro elemento común que les distingue, y se halla en el fondo de la caja, que ha sido grabado con la firma manuscrita en laca de Alberto Santos-Dumont.

Además de la materia elegida, la gran aportación de estas piezas se encuentra en la esfera. Comenzando, por ejemplo, por la versión en oro amarillo, tiene una textura inspirada en la madera que evoca la estructura del avión, mientras índices y agujas apuestan por el dorado. Se acompaña de una correa de aligátor semimate de color marrón. Por su parte, la versión ejecutada en caja de oro rosa ofrece una carátula en lino que evoca las alas de los aeronaves, mientras los índices y agujas siguen la línea de color de la caja, declinados en oro rosa.

El complemento es una correa de aligátor en gris topo. La creación más impactante, sin duda, es la de platino. Limitada a 200 piezas y numerada, la esfera toma la inspiración del cobre en una suerte de recuerdo a las piezas mecánicas. Los índices plateados y las agujas rodiadas acompañan a esta creación que se ajusta a la muñeca con una pulsera de piel de aligátor marrón oscuro. La colección se completa con una versión de oro amarillo en el tamaño extragrande, y una versión de oro y acero.

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