
En el marco del Día Internacional de la Mujer, Pomellato vuelve a situar el debate en un terreno incómodo pero urgente: la violencia económica. Desde Milán, la firma, que desde 1967 ha hecho de la mujer el centro de su universo creativo, lanza un poderoso film coral que aborda una forma de abuso tan extendida como invisible. “Cuando una mujer pierde su libertad económica, pierde el poder de elegir su propia vida”, afirma Sabina Belli, CEO de la Maison. La independencia financiera, recuerda, no es solo una cuestión de ingresos: es dignidad, autonomía y el fundamento mismo de la libertad.
La campaña se apoya en una investigación desarrollada junto a SDA Bocconi School of Management, que identifica tres patrones recurrentes de violencia económica: restricción, sabotaje y explotación. Limitar el acceso al dinero o a las decisiones financieras; obstaculizar estudios y oportunidades laborales; o utilizar los recursos de una mujer para perpetuar un desequilibrio de poder. Dinámicas que rara vez aparecen como hechos aislados y que, normalizadas bajo la apariencia de “cuidado” o “protección”, construyen una dependencia progresiva. Nombrarlas es el primer gesto de ruptura.
En el corazón del vídeo late un mensaje claro: cada palabra pronunciada afloja los ladrillos del silencio. La legendaria Jane Fonda, madrina del proyecto desde su origen, articula una de las frases más incisivas de la campaña: la violencia económica “no deja moratones, pero deja a las mujeres sin opciones”. A su lado, voces como Kerry Washington, Michelle Monaghan, Paco León o la capitana japonesa Mayu Ishikawa subrayan que no se trata de una guerra entre géneros, sino de una responsabilidad colectiva. La autonomía económica, coinciden, amplía oportunidades para todos.
Desde 2018, cada edición del proyecto ha abordado una arista distinta de la desigualdad: de la sororidad global al cuestionamiento de libertades amenazadas. En 2026, el paso es decisivo: del diagnóstico a la acción estructural. La Maison renueva su apoyo a CADMI, primer centro antiviolencia para mujeres de Milán, y a FreeFrom, socio de la Kering Foundation en Los Ángeles dedicado a garantizar seguridad financiera a largo plazo para supervivientes de violencia doméstica. Porque, como insiste el manifiesto, cuando las mujeres alcanzan la libertad económica, la sociedad entera prospera. La joya, entonces, deja de ser ornamento: se convierte en símbolo de elección propia, de hitos conquistados y de un futuro que, ladrillo a ladrillo, empieza a construirse sin miedo.