En el Palacio Arriluce septiembre se contempla frente al Cantábrico

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créditos: cortesía

El final del verano busca en el norte un refugio único desde otra perspectiva. Las temperaturas más suaves permiten recuperar el placer de caminar junto al mar, alargar una sobremesa o contemplar el paisaje sin mirar el reloj. En Palacio Arriluce Hotel, en Getxo, la tendencia coolcation —un concepto que busca prolongar el verano sin altas temperaturas— encuentra un escenario singular: un palacio de 1912, antigua residencia del Marqués de Arriluce, rodeado de jardines y abierto a las vistas del Abra. Sus 49 habitaciones y suites convierten la estancia en un refugio desde el que redescubrir el placer de viajar despacio.

La costa de Bizkaia invita a salir y dejarse llevar por su paisaje. Los acantilados de La Galea, las calles del Puerto Viejo de Algorta o una travesía por la ría revelan la identidad marinera de este territorio. Bilbao queda a pocos minutos, con el Museo Guggenheim y una escena gastronómica capaz de prolongar la experiencia. El Puente Bizkaia, Patrimonio de la Humanidad, completa una escapada en la que naturaleza, cultura y tradición conviven frente al Cantábrico.

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Al regresar al palacio, la cultura acompaña cada estancia. Obras de Sonia Delaunay, František Kupka, Eduardo Chillida y Victor Vasarely forman parte de su universo visual, junto a piezas contemporáneas como Arriluce abraza, de Diego Canogar. La arquitectura histórica y las creaciones reunidas en sus espacios construyen una atmósfera en la que pasado y presente adquieren una presencia natural, haciendo de la propia estancia una experiencia cultural.

El bienestar encuentra su lugar en Neguri Spa & Wellness, inspirado en los grandes balnearios europeos. Un circuito de aguas termales, hammam, sauna, piscinas interior y exterior, gimnasio y cabinas de masaje crean un espacio para detener el ritmo. Los tratamientos combinan cosmética contemporánea con técnicas tradicionales, mientras el entorno invita a recuperar una sensación cada vez más preciada: disponer del tiempo suficiente para cuidar del cuerpo y despejar la mente.

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La gastronomía aporta otro motivo para quedarse. En Delaunay, el chef bilbaíno Fernando Canales interpreta la cocina vasca desde una perspectiva contemporánea, con platos como las kokotxas de merluza a la bilbaína, la sopa de pescado de Lekeitio, el salmonete con jugo de codium, el arroz socarrat de pescado y marisco o el bogavante en ensalada. Para una experiencia más informal, Bar Inglés reúne clásicos como el jamón ibérico, las anchoas en salazón, la gilda Codesa, el brioche de salmón con caviar o la burger de txuleta.

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Septiembre se convierte así en una ocasión para prolongar el verano desde otro ritmo. Palacio Arriluce reúne el paisaje del Cantábrico, la identidad de Bizkaia, una gastronomía ligada al territorio y un universo de bienestar pensado para recuperar la calma. Una escapada para mirar el norte sin prisas y descubrir que, a veces, quedarse un poco más es la mejor manera de viajar.

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