El ciclo de la Luna

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Cortesía de Longines

La tradición está en gestos marcados y ruidosos y a veces se presenta como un ejercicio de precisión cuidada. La Master Collectionde Longines encarna esa filosofía con una claridad que combina experiencia relojera y elegancia atemporal. Dentro de esta línea, el Chronograph Moonphase aparece como una pieza que habla de continuidad —una conversación entre el legado técnico de la casa y el deseo contemporáneo por objetos que trascienden la moda.

Su presencia se define desde la materialidad: una caja de 42 milímetros en oro rosa de 18 quilates que equilibra contundencia y refinamiento. El fondo transparente revela el movimiento interno como si se tratara de una arquitectura cercana, mientras la esfera plateada con motivo grano de cebada articula la identidad visual del modelo. Números árabes en tono antracita y agujas de acero azul trazan una lectura precisa del tiempo, donde la aguja central con punta de medialuna añade un gesto distintivo al señalar la fecha.

Cortesía de Longines
Cortesía de Longines

Más allá de la superficie, el reloj encuentra su razón de ser en su mecánica. El calibre automático exclusivo L687.5 late a 28,800 alternancias por hora y ofrece hasta 66 horas de reserva de marcha, recordando que la autonomía también es una forma de lujo. Horas, minutos y segundos conviven con un indicador de 24 horas situado a las nueve, componiendo una esfera mide el tiempo distribuyéndolo  en capas de información. El cronógrafo introduce una dimensión adicional de control y exactitud: una aguja central de 60 segundos, un contador de 30 minutos con presentación de día y mes a las doce, y un contador de 12 horas combinado con la indicación lunar a las seis. Todo el sistema funciona mediante una rueda de columna, una solución clásica que asegura fluidez operativa y subraya el compromiso con la tradición técnica. En este diálogo, la función de fases de la Luna actúa como una verdad que declara que medir el tiempo también implica observar sus ciclos más poéticos.

Cortesía de Longines

La experiencia estética continúa en el contacto con el cuerpo. La correa de cuero de caimán marrón, rematada con hebilla de oro rosa a juego, integra el reloj en el vestuario con naturalidad, como un accesorio que no busca imponerse sino consolidar presencia. En el contexto del guardarropa masculino, piezas así funcionan como códigos de estilo: discretas en apariencia, pero cargadas de significado cultural y artesanal. El Chronograph Moonphase no pretende ser únicamente un instrumento funcional, porque su ambición reside en encarnar una idea más amplia del tiempo. Portarlo es aceptar que la precisión y la contemplación pueden convivir en el mismo objeto —que la ingeniería y la estética no son opuestas, sino complementarias. En esa intersección, este reloj se convierte en un ritmo tangible donde el lujo verdadero sigue siendo aquel que se mide en detalle, paciencia y permanencia.

Cortesía de Longines
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