
Durante 37 años, Véronique Nichanian construyó una de las propuestas más estables y reconocibles del menswear contemporáneo desde Hermès. Su último desfile, presentado este enero, marca el final de una etapa que redefinió la elegancia masculina desde la constancia, el rigor y el trabajo sobre el tiempo.
Nichanian llegó a la dirección creativa de la línea masculina en 1988 y desde entonces desarrolló un lenguaje propio, reconocible sin necesidad de estridencias. Prendas pensadas para durar, materiales nobles, cortes precisos y una relación orgánica entre cuerpo, movimiento y uso cotidiano definieron su manera de entender el lujo.
Lejos de la urgencia de las tendencias, su trabajo se sostuvo en la continuidad. Cada colección afinó la anterior, construyendo una narrativa sólida que convirtió a Hermès Homme en un referente de elegancia funcional y masculina. Una visión que apostó siempre por la calma, la calidad y el saber hacer como valores centrales.
Con esta despedida, Hermès cierra un capítulo fundamental de su historia reciente. El legado de Nichanian permanece como una lección clara: el estilo verdadero se consolida con tiempo, criterio y fidelidad a una idea.