
JUAN LUIS GALLEGO
FOTOGRAFÍA JERÓNIMO ÁLVAREZ
ESTILISTA PACO RUS
Cuando uno se enfrenta a una entrevista como esta —disculpen esta siempre desaconsejable autointrospección profesional—, debe elegir luego entre plasmarla en el papel en formato pregunta-respuesta, priorizando así la literalidad de las manifestaciones del personaje; o elaborar un perfil, que sirve para dedicar más espacio a su biografía, trayectoria y méritos, añadiendo unos pocos y breves entrecomillados.
No es fácil elegir en el caso de la directora de orquesta Alondra de la Parra (mexicana, nacida circunstancialmente en Nueva York, en 1980). Es tal el tamaño de su trayectoria, la riqueza y variedad de su obra —en el sentido más amplio de la palabra— y también su influencia en el entorno, con una marcada y decidida dimensión social, que podríamos llenar páginas con su mera enumeración. Pero, a la vez, es una voz tan autorizada y clarividente, tan apasionada, que merece, y mucho, ser escuchada. Optamos, en esta ocasión, por la pregunta-respuesta, aunque eso nos obligue a tratar de resumir, en apenas un párrafo, tanto mérito acumulado.
Vamos allá. Alondra de la Parra ha dirigido más de un centenar de orquestas en todo el mundo, entre ellas algunas de las más renombradas, como la Orchestre de Paris o la London Philharmonic Orchestra. Ha creado espectáculos que rompen con las hechuras clásicas, como The Silence of Sound o La vida en azul, en homenaje a George Gershwin; graba en vídeo reportajes y entrevistas a través de Música Maestra; por supuesto discos; y ha creado el proyecto Armonía Social para enseñar música a niños desfavorecidos. En 2024 recaló en Madrid como directora titular de la Orquesta y Coro de la Comunidad, y este año dirige la primera edición (del 28 de agosto al 20 de septiembre) del Escena Escorial Festival en el Teatro Auditorio San Lorenzo de El Escorial.
El periódico Le Monde dijo que con usted “la música clásica ha llegado al siglo XXI”. ¿Sabe por qué?
Mmm, fue hace mucho. Desde que empecé a dirigir, muy joven, con 19 o 20 años, llegué con una idea distinta sobre el rol del director, gracias a mi maestro Kenneth Kiesler: el director sirve a los músicos, a la música y al público, es un conducto por el cual pasa información, emoción, ideas. La técnica y la manera de expresarme siempre es con esa idea en mente y la de, físicamente, convertirse uno en el sonido mismo, en el elemento visual del sonido. Durante mucho tiempo, sentía que el ecosistema todavía no era como me habían enseñado y como yo sentía. Quiero pensar que en Le Monde vieron algo así. Y también por ser mujer, ser mexicana, me imagino.
Destacan también de usted su afán democratizador, para conseguir que la música clásica deje de ser de las élites.
Para mí siempre fue importante, y lo sigue siendo, que esta música tan extraordinaria y esta experiencia de vivir un concierto de una orquesta en vivo sea una actividad de todos y para todos. Y se está viendo reflejado, por ejemplo, en las dos temporadas que llevo al frente de la Orquesta aquí en Madrid: la respuesta del público es muy emocionante y tenemos un público sumamente diverso y creciendo cada vez más.
Hija y nieta de escritores y hermana de actor, creció usted rodeada de arte. Esa niña quizás prodigio que estudiaba piano con siete años y violonchelo con 13, ¿hubiera existido en otro contexto?
Niña prodigio para nada, más bien niña curiosa, inquieta y enamorada de la música. Sí, el haber nacido rodeada de artistas sin duda me estimuló la imaginación desde muy temprana edad y eso sí lo agradezco mucho a mis padres, a mis abuelos, a mis tíos, porque era un juego constante en casa de imaginar, de crear historias. Desde muy chica se me dijo que lo importante es el cómo, y eso sigue siendo parte vital de lo que hago: lo que está en las partituras, los músicos lo saben, pero es en el cómo donde está el gran abanico de posibilidades que un director puede traer a la mesa. Tuve la suerte de que mis padres no me cuestionaron cuando dije «quiero ser directora de orquesta». Mucha gente, sí; pero no mis padres.
¿Ha tenido que demostrar el doble que los hombres?
Sí, sí, siempre los prejuicios me llegaron en cantidades generosas, más de lo que una espera. La dirección de orquesta es una profesión en la que sientes que no tienes que tener piel para poder expresar y ser un artista sensible, pero también tienes que tener piel gruesa para poder mantenerte en tu centro, aprendiendo, creciendo y dando lo mejor de ti como artista sin que los prejuicios te derrumben.
¿Imagina un mundo sin música?
No, yo vivo la vida a través de la música. La música está dentro, todo lo que hago es estudiar música y partituras y partituras, y esa música está siempre muy muy presente y fuerte dentro de mi oído interno.
¿Qué tal se lleva con el silencio?
Me encanta el silencio. El silencio es el canvas de la música, es el lugar donde uno empieza a crear, a jugar. El silencio es también parte de la música. Hay silencios que son respiros, hay silencios que son espacio muerto, hay silencios devastadores. Todos los silencios tienen su carácter.
¿Qué hace diferente a un director?
Cada director, al subirse al podio, trae consigo mil historias: de sus ancestros, de sus maestros, del entorno en el que creció, de cómo aprendió la música. También su educación, su desarrollo del oído, su habilidad. Somos una alquimia única de cosas, y todo eso lo trasladas a cada gesto, al ambiente que creas, a la capacidad de captar la atención de la orquesta e imaginar juntos… Es algo que la gente tiene que vivir por sí misma. Es la belleza. No se puede cuantificar, no se puede poner una etiqueta. A nadie. Eso es lo maravilloso.
A final de agosto comienza el Escena Escorial que usted dirige y de cuyo nacimiento es, en cierto modo, responsable.
Sí, fue muy natural cómo sucedió. Tuve un concierto con la Joven Orquesta de la Comunidad de Madrid hace dos años en el auditorio, vi el lugar y supe que no pasaba gran cosa durante todo el año, que estaba bastante infrautilizado. Y me pareció que era importante que un lugar así estuviera lleno de arte, de música y vida. A mí, eso de armar proyectos es lo que me mueve, construir ha sido una constante en mi vida, desde la Orquesta Filarmónica de las Américas en Nueva York cuando tenía 23 años hasta el Festival Paxx GNP, que va por su quinto año, o el programa Armonía Social de educación musical para niños y niñas en México.
Primera edición, pero a lo grande.
Es increíble porque es un nuevo festival, cuatro semanas de conciertos con más de 250 artistas que vienen de 11 países y con figuras como Daniel Barenboim, Grigori Sokolov, Nemanja Radulovic, con un programa con la Segunda Sinfonía de Gustav Mahler o una nueva puesta en escena de Carmen, en la que ella es una influencer y el torero es un futbolista… Va a estar muy bien.
¿Hay puristas en este mundo que no entienden lo que hace?
Yo hago lo que admiro, lo que siento y lo que me dice mi imaginario, mi sensibilidad, y para mí no hay estereotipos o cajones en los que se me pueda meter. Me di cuenta de que, antes que directora de orquesta, soy artista. Y resulta que lo que sé hacer mejor es dirigir. Entonces, a través de eso, voy a decir lo que vine a decir.
La primera edición de Escena Escorial Festival de artes escénicas se celebra del 28 de agosto al 20 de septiembre en San Lorenzo de El Escorial.
Asistente de fotografía y técnico digital: Arse Buzz. Producción: Montse Curiel (Cuarto Oscuro Producciones). Ayudante de producción: Raquel Trejo. Peluquería y maquillaje: Pedro Cedeño (NS Management) para Dior y peluquería para Leonor Greyl.
