
CARLOS MORAL
FOTOGRAFÍA: JACOBO MEDRANO
Chico Repullo nació en Málaga en 1956, en la céntrica calle Granada, a un paso del edifi cio que hoy ocupa el Museo Picasso. Además, tiene un vínculo de parentesco con el genio malagueño, de quien es sobrino nieto. Acudía cada día al colegio de los Agustinos, justo al lado, en un itinerario que le fue empapando del centro histórico de la ciudad sin que él mismo lo advirtiera del todo. Poco después, la familia se trasladó a El Morlaco, siempre en primera línea de playa, y ahí sitúa el escultor el verdadero origen de su mirada. “Indudablemente, lo que más infl uye es la luz que hay aquí en Málaga, la luz del Mediterráneo, y tener la suerte de haber tenido siempre el mar delante de mis ojos”, explica.
Su formación llega por una vía distinta a la academia: el ensayo constante, la observación de la calle y una capacidad innata para visualizar volúmenes en tres dimensiones antes de dibujarlos. Cuando una idea aparece, la traslada de inmediato al papel para que no se le escape, como ocurre con los sueños. Ese método artesanal, reivindicado con orgullo, convive hoy con la incorporación de nuevas herramientas: el corte láser ha sustituido buena parte del trabajo manual con la radial y le permite ganar precisión y tiempo. “Hago lo que me da la gana. Hago cosas para mí, aunque tengo la suerte de que también le gustan a la gente”, resume sobre su manera de entender el ofi cio.
Antes de volcarse por completo en la escultura, Chico Repullo dedicó años a restaurar coches antiguos, una afi ción que marcó su primera gran colección. Sinergia Tubular (2008-2009), 22 piezas nacidas todas de cortes sucesivos sobre un mismo tubo de unos 50 milímetros de diámetro, guarda en su ADN la lógica de las piezas de motor y el gusto por transformar el elemento industrial en volumen escultórico. Cada pieza incorpora además una banda sonora propia, un guiño personal para completar la relación entre la forma y la emoción que busca transmitir. Le siguió Entreacordes (2014), 25 esculturas dedicadas a la guitarra bajo el subtítulo 25 formas de observar el silencio de una guitarra, y el propio artista reconoce que ya trabaja mentalmente en ampliar ese universo sonoro hacia el piano o el saxofón.
En el centro de toda su obra está la relación entre materia y vacío, el verdadero motor de su lenguaje minimalista, heredero declarado de Brâncuși, Chillida, Henry Moore y Richard Serra. “La materia es lo que le roba siempre espacio al vacío. Esa es un poco mi defi nición”, sintetiza. De esa idea nace Entre dos aguas, la pieza que elige como mejor carta de presentación de toda su trayectoria: una guitarra en la que el vacío y el volumen dialogan en equilibrio perfecto. Varias de sus obras conviven hoy con la vida cotidiana de la ciudad, repartidas en restaurantes de cierta categoría de Málaga, y le gusta comprobar cómo algunos amigos las reconocen sin necesidad de fi rma, solo por el estilo.
A las puertas de los 70 años, Chico Repullo mantiene el pulso fi rme aunque reconoce el desgaste físico. Por eso, ha ido desplazando el foco hacia encargos de menor formato, entre ellos el diseño de galardones para eventos. Sigue, eso sí, guardándose un proyecto de gran envergadura, todavía en conversaciones con una administración pública. “Un proyecto de gran formato, pero no te lo puedo decir, porque luego no sale”, adelanta, con la misma discreción con la que ha construido, pieza a pieza y siempre desde Málaga, un estilo reconocible a simple vista.