Ignacio Goitia, Él es la Gesamtkunstwerk*

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REBECA SANZ RUIZ

FOTOGRAFÍA JACOBO MEDRANO

FUE BEAU BRUMMEL, EL AMIGO DEL PRÍNCIPE regente británico que accedió al trono de Reino Unido en 1820 como Jorge IV, quien se convirtió en el árbitro de la moda de principios del siglo XIX. Introdujo la sobriedad, el traje oscuro, la camisa blanca impecable y el corte perfecto. La elegancia era, para él, discreta y sin ostentación… Todo lo contrario que Oscar Wilde quien, a finales del siglo XIX, abogaba por utilizar la ropa para expresar el carácter a través del color, las formas atrevidas y el ornato. Así es, también, el estilo de Ignacio Goitia (Bilbao, 1968), artista y decorador y, desde hace poco, también, empresario.

Podríamos ponernos a detallar su larga trayectoria artística, iniciada en 1988 y que culminó con una amplia retrospectiva inaugurada el 25 de octubre de 2019 en la Sala Rekalde de Bilbao, el espacio de la Diputación de Vizcaya. Pero la pandemia tuvo un impacto insospechado en su vida y le abrió las dos últimas puertas de la breve definición de su trabajo en ámbitos creativos que esbozábamos en líneas anteriores.

“Con la pandemia, como no podía ir al estudio, trabajaba en casa, en el ordenador, partiendo de dibujos que tenía para papeles pintados –explica–. Y empecé a crear pañuelos, abanicos, cojines y corbatas. Cuando empezamos a salir de nuevo, hice unas pop-ups en mi estudio, que luego amplié a las casas de amigos en Bilbao y en Madrid y… ¡fueron un éxito! El proyecto fue creciendo y terminé haciendo una pop-up en la Fundación Carlos de Amberes y así, hace tres años, abrí mi primera tienda, en Bilbao, en lo que fue una antigua joyería de los años 50, con mucho sabor, en el que había un cartel de ‘Se vende o se alquila’ y me pareció un sitio muy bonito. Al día siguiente lo cogí”.

Ignacio Goitia, fotografiado en el estudio de interiorismo LoBlanc, en Madrid, cuya decoración e interiorismo ha realizado.

Puede parecer fácil, pero no lo es: cuando abrió las puertas de su… tienda… Goitia no tenía, en realidad, casi nada que vender. “Sí, los pañuelos estaban funcionando bien y también tenía obra gráfica y cuadros, pero nada más…”, admite, así que, casi por obligación, para ampliar la oferta, se puso a diseñar vajillas, bandejas, papeleras, o pantallas de lámpara. También funcionó. Y un año más tarde dio el gran salto. “Me surgió la oportunidad de abrir en Madrid, en un local de la plaza de las Salesas que había sido la sede de la Asociación de la Magistratura. Me pareció interesante porque tenía muchos despachos y huecos y me venía muy bien para hacer una especie de recorrido museístico”.

Además de las colecciones de complementos que ofrece en sus dos tiendas, Goitia también se ha convertido en un celebrado interiorista, que trabaja en espacios que decora y ambienta, pictórica y escenográficamente, como, por ejemplo, el estudio de interiorismo LoBlanc o el restaurante vasco-francés Goicolea, ambos en Madrid. Sus motivos, inspirados en el clasicismo y el arte italiano de los siglos XVIII y XIX, tienen, sin embargo, un resultado muy pop y personal. Su arte y su peculiar forma de vestir son, como él dice, el resultado de su educación. “Mi padre era un ingeniero industrial que ha viajado mucho y mi madre era profesora, una mujer muy, muy culta. Ellos me enseñaron que había que viajar, que el mundo era muy grande y que había que conocerlo para no criticar y para no juzgar. O para criticar o juzgar con criterio propio, no con lo que te cuenten otros o la televisión. Se trataba de tener tu propia visión del mundo. Y experiencia. Y eso, en todo”.

*Término alemán que puede traducirse como ‘obra de arte total’.

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