
Roberta Olcese
La laguna de Venecia se transforma durante la Bienal en un gran escenario para el arte contemporáneo. La edición actual –desde el pasado 9 de mayo hasta el 22 de noviembre– lleva por título En clave menor, y ha sido comisariada por la camerunesa Koyo Kouoh –fallecida de forma repentina en mayo del año pasado, a pocos días de la presentación de este lema–. En los días de preestreno, reservados para invitados, la Bienal registró un aumento en la asistencia.
No faltaron eventos espectaculares ni fiestas al estilo de Las mil y una noches: desde la más fastuosa, organizada por la familia india Ambani, patrocinadora del Pabellón Nacional, hasta la tradicional invitación de François Pinault en la Fundación Cini, en la isla de San Giorgio.
Tampoco faltó la polémica sobre si debían abrirse o no los pabellones ruso e israelí, lo que atrajo a periodistas y curiosos. Y se produjo un giro dramático: el jurado institucional renunció justo antes de la inauguración. Así que, por primera vez, el 22 de noviembre, será el público quien decida quienes merecen recibir el León de Oro como mejores artistas de la exposición.
Pero la oferta cultural de la ciudad, que atrae a un público cada vez más internacional, va más allá de los Giardini y el Arsenale, las principales áreas de exposición, con numerosas iniciativas y muestras paralelas, a menudo influenciadas por el tema de la diversidad elegido por Koyo Kouoh.
De hecho, se ha convertido en una competencia entre fundaciones y museos por organizar la exposición imperdible, frecuentemente con el apoyo de galerías privadas.
Gentleman ha seleccionado las más interesantes y alguna inauguración, como la de la nueva sede veneciana de la Fundación Sandretto Re Rebaudengo, en la isla de San Giacomo, donde el tema dominante es el sueño. Y donde el sueño de un museo flotante ecosostenible se ha hecho realidad.
