
Son contados los iconos cuya memoria corre el riesgo constante de quedar sepultada bajo el peso de su propio mito. Marilyn Monroe es, probablemente, el caso más paradigmático: una figura reducida con frecuencia al destello efímero de la cultura de masas y a la iconografía estereotipada del Hollywood dorado. En el año en que se cumple un siglo de su nacimiento, la exposición Marilyn Monroe 1926–2026: Las fotografías perdidas, acogida por The Palace Hotel, Madrid entre el 27 de octubre de 2026 y el 18 de enero de 2027, propone un ejercicio de restitución: devolver la palabra y la humanidad a la persona detrás del símbolo.
El punto de partida del recorrido no busca el espectáculo, sino la pausa. Dos retratos magistrales de Milton H. Greene —A Ballerina y una toma de la célebre sesión The Hooker Sitting— reciben al visitante en la rotonda previa a La Cúpula. Son imágenes que sintetizan los años de mayor plenitud estética y versatilidad de la actriz entre 1953 y 1957; un preludio elegante que anticipa el verdadero corazón conceptual de la muestra, albergado en las paredes del espacio 27 Club.
Allí descansan quince fotografías recuperadas y restauradas de la sesión que el fotógrafo estadounidense Allan Grant realizó en agosto de 1962 para la revista LIFE. Pertenecientes a los archivos 1962 MM LLC de Chris Flannery y Jason Greene, las imágenes poseen la conmovedora cadencia de lo que no estaba destinado a la sobreexposición publicitaria: fueron capturadas en el domicilio de la actriz en Fifth Helena Drive, Los Ángeles, durante la última entrevista que concedería a Richard Meryman apenas dos días antes de su muerte.
Bajo la mirada comisarial de la historiadora y crítica de arte Cristina Carrillo de Albornoz Fisac, la exposición confronta al espectador con una Marilyn inesperada. La cámara de Grant no busca la pose estudiada ni la construcción del personaje, sino la verdad de un rostro reflexivo, atravesado por la espontaneidad y un sentido del humor a menudo ignorado. La contundencia de sus palabras al periodista durante aquella conversación —”Por favor, no me trates como si fuera una broma”— actúa como un hilo invisible que cruza toda la sala.
El valor documental de la muestra se completa con piezas que contextualizan el momento histórico y emocional de aquella sesión: un ejemplar original de la revista LIFE, la voz grabada de la propia intérprete en un registro audiovisual y una serigrafía basada en el célebre tríptico de James Francis Gill. El proyecto, producido con la colaboración del Centro de Historias de Zaragoza y los laboratorios La Chrome, articula así un testimonio de enorme precisión histórica.
La elección de 27 Club como escenario para este encuentro no es fortuita ni meramente logística. El espacio dialoga de forma natural con la vocación ilustrada que ha definido a The Palace desde su inauguración en 1912, cuando sus salones servían de refugio y foro de debate para los intelectuales, cineastas y creadores de la Generación del 27, integrando el arte como una dimensión cotidiana de la vida del hotel.
Esta atmósfera cultural se enriquece en la actualidad con la propuesta Tea Time by The Macallan, una relectura del clásico ritual de la tarde que, bajo el concepto “High Tea, Low Morals”, vincula la coctelería de autor y la alta gastronomía con el espíritu creativo del entorno. La experiencia, servida en mesa o a través de un elegante carrito que recorre los salones y suites, complementa la visita transformando la estancia en una vivencia sensorial completa.
En última instancia, Las fotografías perdidas no es solo una muestra conmemorativa del centenario de Marilyn Monroe; es una declaración sobre la capacidad de los espacios históricos para acoger la memoria. The Palace Hotel, Madrid logra así trascender la mera función de hospedaje para consolidarse como un agente cultural capaz de ofrecer, en pleno centro de la ciudad, un refugio para la contemplación, la conversación y la belleza sin artificio.