
El deporte, cuando se vive de verdad, deja de ser una meta y se convierte en un lenguaje que transmite disciplina, constancia, con un toque silencio, de escucha y de pausa. Saúl Craviotto lo experimenta en carne propia, tras más de veinte años de carrera y seis medallas olímpicas, el deportista español más laureado hace una introspección para replantear qué significa rendir, avanzar y seguir moviéndose cuando el cuerpo ya conoce todos los límites.
En ese punto aparece el movimiento más honesto del atleta: volver al origen, esto significa redescubrir el nacimiento mismo del kayak. Craviotto viaja a Groenlandia para entender cómo remaban los primeros kayakistas hace más de cuatro mil años, en un entorno donde cada movimiento era supervivencia y cada error tenía consecuencias. Allí, el deporte se vuelve un punto de encuentro entre la competencia y la fuerza de la naturaleza.
La experiencia física es radical e inmersión cuando se trata de remar entre icebergs, caminar sobre glaciares, convivir con comunidades inuit y adaptarse a una dieta ancestral. Estas actividades forman parte de un recorrido que busca una verdad personal y retadora. El frío, el silencio y la inmensidad obligan a afinar los sentidos y encontrar una sincronía entre cuerpo y mente. Es en ese equilibrio —tan difícil de encontrar en el alto rendimiento— donde el deporte recupera su dimensión más humana.
De ese viaje nace La ruta del primer kayak, una pieza documental que celebra el triunfo que se deriva del proceso. Una historia sobre cómo el deporte puede ser una herramienta de introspección y una forma de reconectar con lo esencial. El documental se estrenó el 28 de enero en el canal de YouTube de Seiko España y en las redes de Saúl Craviotto, una producción que invita al espectador a acompañar el viaje y contemplar la naturaleza que lidera el camino a la meta.
No es casual que esta travesía esté ligada a Seiko Prospex, la línea deportiva de la casa relojera japonesa. Bajo la filosofía Keep Going Forward, la marca acompaña a deportistas que viven el esfuerzo como un camino continuo, y que —como canta Jorge Drexler— disfrutan la trama más que el desenlace. Un proyecto donde el tiempo se mide en experiencias.