
En un mundo donde el ritmo de vida parece acelerarse cada vez más es importante tomar una pausa, respirar, exhalar y contemplar. Descansar parece cada vez más ajeno a la experiencia humana, sin embargo es una necesidad latente y un gesto de autocuidado que resulta urgente. Para muchos hombres, detenerse es un sinónimo de darse el espacio para volver a uno mismo, de mirar hacia adentro y hacia afuera.
Los retiros de descanso y relajación han dejado de ser experiencias místicas o inaccesibles. Esta necesidad encuentra cada vez más cabida en los destinos imperdibles, como reflejo de esto existen lugares pensados para quienes buscan bajar el ritmo sin perder estructura ni comodidad. SHA Wellness Clinic, en España, es un buen ejemplo de ello: un espacio donde el bienestar se trabaja paso a paso, combinando salud, alimentación y descanso en un entorno sobrio y bien diseñado.
Como opción de descanso derivado del silencio y el paisaje, Eleven Deplar Farm, en Islandia, ofrece una experiencia casi radical. Rodeado de naturaleza extrema, el tiempo pasa de manera más lenta —pero como un aspecto positivo—. Algo similar ocurre en Forestis, Italia, un refugio en los Alpes que reúne el aire, la luz y la calma para convertirse en elemento activo del descanso. Son lugares que invitan a hacer menos y observar más.
En un registro más cálido, Pachamaya, en Cancún, México, propone una pausa que conecta con lo natural y lo espiritual, en el oasis caribeño. Y por último, una opción cuya tranquilidad se cuela entre el acelere de la ciudad, Casa Brisa, en Barcelona, ofrece un refugio íntimo para experimentar el ritmo pausado especializado en hombres, con distintas opciones para vivir la paz interior desde perspectivas personales.
Es fundamental aceptar que descansar es una necesidad básica. Estos retiros no prometen cambios radicales de vida, pero se comprometen con la calma y la oportunidad de escucharte a ti mismo.