Siete territorios, una misma exigencia

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Fotografía: Cortesía de Grandes Pagos de Olivar

Hablar de Grandes Pagos de Olivar no es hablar de una marca ni de una cosecha puntual, es hablar de una manera concreta de entender el aceite de oliva virgen extra, donde el origen importa tanto como el resultado y donde cada campaña se lee como una continuación de un trabajo paciente que busca precisión. La presentación de la cosecha 2025/2026 vuelve a poner ese enfoque sobre la mesa: siete productores distintos, siete paisajes, siete aceites que no se mezclan entre sí, pero que se presentan juntos porque comparten una misma exigencia. Desde Navarra hasta Mallorca, pasando por Castilla-La Mancha, Andalucía, Extremadura y la Comunidad Valenciana, los productores que integran Grandes Pagos de Olivar —Abbae de Queiles, Aubocassa, Casas de Hualdo, Castillo de Canena, Marqués de Griñón, Marqués de Valdueza y Masía El Altet— trabajan bajo una idea común que remite más al mundo del vino que al de la gran industria oleícola. El Pago, entendido como un territorio delimitado, controlado y trabajado con atención constante, es el punto de partida, porque sin un lugar reconocible no hay identidad posible.

Fotografía: Cortesía de Grandes Pagos de Olivar

Esa decisión de unir fuerzas no diluye las diferencias, al contrario, las subraya. El estuche hecho de madera funciona como un marco compartido donde cada botella conserva su carácter, su perfil aromático y su lectura propia, mientras el logo de la asociación actúa como hilo conductor, no como sello uniformador. Es una manera de decir que la excelencia no necesita disfrazarse, solo presentarse con claridad.

La cosecha 2025/2026 confirma esa diversidad. Abbae de Queiles ofrece un aceite temprano, luminoso, con una entrada suave que evoluciona hacia frutos secos y una frescura medida; Aubocassa apuesta por la sutileza y la complejidad aromática, con referencias claras al huerto y una boca sedosa que se alarga sin estridencias; Casas de Hualdo, con su Reserva de Familia, construye un ensamblaje equilibrado y persistente que habla de técnica y conocimiento del campo. Cada uno cuenta su historia sin levantar la voz.

Fotografía: Cortesía de Grandes Pagos de Olivar

Castillo de Canena, desde Jaén, mantiene la intensidad vegetal de su picual, con un discurso claro de hierba, tomate y estructura, mientras Marqués de Griñón propone en Oleum Artis un coupage vibrante, de perfiles verdes y final largo que remite a una elaboración precisa. Marqués de Valdueza construye un aceite elegante y progresivo, donde el amargo y el picante aparecen sin imponerse, y Masía El Altet cierra el recorrido con un aceite de gran complejidad, marcado por el contraste climático entre montaña y Mediterráneo, ahí cada matiz encuentra su lugar.

Después de más de veinte años de trayectoria, Grandes Pagos de Olivar no necesita justificar su posición. Su presencia en más de 60 mercados internacionales y su influencia en la consolidación de estándares altos para el AOVE español son consecuencia directa de una forma de trabajar constante y coherente. La cosecha 2025/2026 no pretende sorprender con gestos grandilocuentes, propone algo más difícil, que es seguir siendo fiel al territorio, al tiempo y al oficio, incluso cuando el contexto invita a simplificar.

Fotografía: Cortesía de Grandes Pagos de Olivar
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