El detalle que sostiene el estilo
Un recorrido por el puño de la camisa como detalle esencial del vestir masculino, donde función, historia y diseño se encuentran para definir proporción y una elegancia que se percibe en los fragmentos más sutiles.

En el universo del buen vestir, los puños de la camisa ocupan un territorio decisivo, ese punto exacto donde la prenda termina y el cuerpo comienza a expresarse, donde el acto diario de mover las manos tiene un propósito. No son un simple remate textil: encuadran el reloj, asoman bajo la manga del saco, se doblan, se abotonan y acompañan la postura, así, con estos elementos, el estilo masculino muchas veces se define en los márgenes, en los detalles para los que hay que prestar atención.
Desde una perspectiva estética, el puño es el encargado de dar proporción y carácter a la camisa, ya que su forma, su altura y su rigidez influyen directamente en cómo se percibe el conjunto. Un puño bien diseñado equilibra el largo de la manga, aporta estructura al brazo y define si la camisa se siente más formal, relajada o contemporánea. Funcionalmente, cumple una tarea igual de importante: ajustar la manga a la muñeca, permitir libertad de movimiento y ofrecer un cierre preciso que evita excesos de tela.

Históricamente, los puños nacen como una solución práctica y protección. En los primeros siglos de la camisa, cuando ésta se usaba como prenda interior, las mangas largas necesitaban un sistema que permitiera remangarse sin desorden, proteger la tela y facilitar el lavado de las zonas más expuestas al desgaste. Con el tiempo, ese elemento funcional se independizó, se reforzó y comenzó a cobrar identidad propia, convirtiéndose en un elemento de patronaje donde la confección, la técnica y el estatus social se unieron en nombre de la sutileza.
La evolución del puño acompaña la transformación de la camisa en prenda visible y protagonista. A medida que el vestir masculino se volvió más preciso, los puños se estilizaron, se alargaron o se suavizaron según la época, pasando de diseños rígidos y formales a propuestas más ligeras y experimentales. Hoy, los diseñadores juegan con tamaños, ángulos y curvas, entendiendo que el puño puede alterar por completo la lectura de una camisa, ya sea reforzando su clasicismo o llevándola hacia un terreno más expresivo y moderno.

Técnicamente, el puño está compuesto por varias partes que garantizan su correcto funcionamiento, siendo la perrilla —la pequeña tira donde se alojan los botones— uno de los elementos clave. Esta pieza permite abrir y cerrar el puño con precisión, regula el ajuste en la muñeca y asegura que la manga conserve su forma durante el uso. Aunque discreta, la perrilla es una muestra clara de buena estructura, ya que su alineación, costura y proporción revelan el cuidado puesto en la prenda.
En cuanto a tipologías, el puño camisero sencillo con un botón es el más común y versátil, ideal para el día a día por su equilibrio entre formalidad y comodidad. El puño camisero redondo suaviza la línea del brazo y aporta un aire más clásico, mientras que el puño camisero en ángulo introduce un trazo más definido y moderno. El puño alto abotonado, por su parte, añade presencia y estructura, pensado para camisas que buscan mayor impacto visual sin recurrir a excesos.

Finalmente, el puño francés —ese puño camisero que se dobla sobre sí mismo y se cierra uniendo ambos dobleces con un botón doble— representa la expresión más refinada de este detalle. Asociado a contextos formales y a una estética más ceremoniosa, exige atención al vestir, convirtiendo un simple movimiento de muñeca en una extensión de la identidad.