Loewe: De la tradición madrileña al posicionamiento global

F95FBC25 9258 4154 AC7A 84CB5E8CC6E1
Fotografía: Gabriel Volpi

En 1846, en Madrid, un grupo de artesanos marroquineros abrió un taller dedicado al trabajo del cuero. Años más tarde, en 1872, Enrique Loewe Roessberg consolidó el proyecto y le dio apellido propio. Así nació Loewe, —actualmente parte del grupo LVMH— una casa que comenzó con baúles, bolsos y piezas hechas con precisión minúscula, en una ciudad que apenas despuntaba como capital cultural europea.

Desde sus primeros pasos, la firma hizo del cuero una declaración de carácter. No se trataba solo de fabricar objetos útiles, porque cada pieza debía reflejar destreza técnica y una estética clara. Con el tiempo, aquella tradición madrileña se expandió hacia una propuesta más amplia: prêt-à-porter, accesorios y una identidad que apostaba por el color, las proporciones inesperadas y una mirada que mezclaba rigor artesanal con audacia formal.

Enrique Loewe Roessberg Fotografía: Getty Images

Esa capacidad creativa ha permitido a Loewe aterrizar su universo llamativo y cromático tanto en colecciones de hombre como de mujer. Siluetas pulidas conviven con texturas experimentales; cortes sencillos dialogan con detalles que rompen la linealidad. La casa convirtió el minimalismo en un punto de partida para luego tensionarlo, retorcerlo y volverlo memorable.

El salto definitivo hacia la conversación global llegó con la dirección de Jonathan Anderson. Su etapa al frente de Loewe elevó la marca a otro nivel de relevancia. Trabajó con elementos clásicos y sencillos —un abrigo recto, un bolso estructurado, un tejido artesanal— que, al reunirse, detonaban una explosión de buen gusto. Bajo su guía, la firma dejó de ser un secreto apreciado por iniciados y se convirtió en referente obligado en pasarelas y editoriales.

Campaña bajo la dirección de Jonathan Anderson. Fotografía: Cortesía de Loewe
Fotografía: Cortesía de Loewe

Hoy, la dirección creativa recae en el dúo formado por Jack McCollough y Lázaro Hernández, fundadores de Proenza Schouler. Su llegada marca una nueva etapa en la que la herencia madrileña junta fuerzas con una visión internacional afilada y estratégica. La pregunta ya no es si Loewe puede sostener su influencia, sino cómo la transformará en los próximos años.

Campaña bajo la dirección de Jack McCollough y Lázaro Hernández. Fotografía: Cortesía de Loewe

El universo de la casa también se despliega en fragancias que amplían su imaginario. Creaciones como Roasted Vanilla, Loewe 001 o Earth Eau de Parfum trasladan esa exploración sensorial al terreno olfativo. Son perfumes que combinan notas envolventes con una estética de frasco pulida, coherente con la narrativa visual de la marca.

Loewe es famosa por el alcance creativo que logra a través de sus bodegones fotográficos. La clave está en tener elementos representativos, una gama de color consistente y una luz contundente. Fotografía: Cortesía de Loewe

En alfombras rojas y campañas, Loewe es portada por nombres como Jacob Elordi, Jeff Goldblum y Josh O’Connor, mientras figuras como Archie Madekwe, Song Kang y Jamie Dornan encabezan campañas que refuerzan su alcance internacional. Loewe ha pasado de taller madrileño a potencia cultural sin perder su raíz artesanal. En ese trayecto hay estrategia, riesgo y una convicción clara: el lujo no es estático, se redefine con cada colección y con cada rostro que decide llevarlo.

Jeff Golblum usando Loewe. Fotografía: Cortesía de Loewe
Jacob Elordi en campaña. Fotografía: Cortesía de Loewe
Salir de la versión móvil