Luis de la Fuente, el factor humano

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Luis de la Fuente es amigo de la firma de relojes IWC. En la foto, lleva una de sus últimas novedades: el Ingenieur Automático 42 de cerámica, de color verde oliva oscuro.

JUAN LUIS GALLEGO

FOTOGRAFÍA: JACOBO MEDRANO

Luis de la Fuente no es una estrella al uso, no al menos de las que se estilan en el fútbol. No saltó a la selección nacional avalado por una deslumbrante trayectoria en grandes clubes compitiendo con Guardiolas o Mourinhos. Quizás es lo que tiene ser del Athletic de Bilbao, que todo –incluso los títulos que ganó como jugador con aquel equipo de Javier Clemente a principios de los 80– parece transcurrir por carreteras secundarias; también, cuando ya a cargo de las categorías inferiores de la selección, lograba sin mucho ruido Eurocopas para los sub-19 y los sub-21 o Juegos Mediterráneos para los sub-18. Así que su designación para llevar la absoluta tras la marcha de Luis Enrique fue acogida con cierto escepticismo, también respeto por tanto trabajo desempeñado, pero quizás no con ilusión desbordante. Ahora, nadie le discute su ascendencia sobre un equipo renovado –en el que han debutado más de 40 futbolistas– y con el que ha conquistado la Liga de Naciones, en 2023, y la Eurocopa, en 2024.

La entrevista transcurre en la boutique en Madrid de la firma de relojes IWC, a un mes del inicio de la concentración de la selección española que acudirá al próximo Mundial (del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, México y Canadá). De la Fuente ha sido invitado por la marca relojera, de la que es amigo, para hablar de liderazgo, estrategia y el valor del tiempo. También para conceder esta entrevista en exclusiva a Gentleman.

Llega usted avalado por dos títulos. Pero un Mundial es otra cosa. ¿Cree que se le va a medir por lo que haga ahora?

No me inquieta nada. Soy una persona que está acostumbrada a autoexaminarme día a día y, también, a que se me evalúe día a día. No tengo ninguna inquietud, estoy muy muy tranquilo, muy confiado, con unos jugadores maravillosos y un grupo de trabajo fantástico. No hay mayor exigencia que la que yo me hago.

Desde esa confianza, ¿se atreve a decir lo mejor, desde el punto de vista deportivo, del equipo y si hay alguna deficiencia?

Empiezo por lo último: no echo nada en falta en ninguna demarcación en particular. Creo que tenemos un equipo muy compensado, muy equilibrado y donde todos los jugadores son muy versátiles, pueden desempeñar diferentes demarcaciones. Y ya estoy diciendo las virtudes: es un equipo que siento muy acostumbrado a competir para ganar, muy autoexigente y, sobre todo, un equipo humilde. Esa mejora constante que nos aplicamos cada día de entrenamiento nos permite en las competiciones sacar la mejor versión, necesaria para competir en un evento de estas características, donde estamos los mejores equipos del mundo.

Luis de la Fuente (nació en Haro, La Rioja, en 1961) fue presentado como seleccionador nacional en diciembre de 2022. Este será su primer Mundial al frente del equipo.

Puestos a soñar, ¿con quién se ve disputando la final?

Este es el Mundial con el mayor número de participantes de la historia, donde vamos a conocer el potencial de países que en otras circunstancias no hubiéramos tenido posibilidad de ver, y donde el número de selecciones con posibilidades de ganar el trofeo es mayor. Hay seis, ocho, diez, doce selecciones capacitadas para poder ganarlo, España entre ellas. Va a ser muy difícil y hay que dar no solo la mejor versión, sino que se cumplan también esas situaciones que se tienen que dar en un campeonato tan corto de no cometer errores, no tener días débiles y ser siempre un equipo seguro, estable y con determinación.

¿Qué le parece esa frase de ‘el fútbol es la cosa más importante de entre las menos importantes’?

Creo que el fútbol es muy importante, pero hay otras cosas muchísimo más importantes. Yo considero el fútbol como una parte más de nuestra vida en la que hay que dar continuidad a nuestra actuación diaria, con esos valores de autoexigencia, de mejora, de generosidad, de sufrimiento que tiene el deporte y que, obviamente, son también de la vida.

Acaba de presentar su autobiografía, La vida se entrena cada día, en la que dice: “Cuando selecciono a un jugador, exijo que sea una buena persona”.

¿Es una apuesta personal o es que, además, es bueno para el equipo?

Hay muchísimos modelos para dirigir un colectivo, pero este modelo en el que damos importancia a la persona, a la calidad humana, funciona también. Cada uno tiene que apostar por lo que esté convencido. Nosotros estamos convencidos de que esta forma de trabajar reporta beneficios, no solo el de ganar, sino el que supone trabajar con buena gente, con buenas personas, solidarias, generosas, que hacen la convivencia muy fácil, y eso te ayuda a intentar ser más competitivo porque disfrutas del proceso.

Usted que empezó yendo de niño con su padre al estadio de San Mamés, ¿ha imaginado alguna vez su vida sin fútbol?

Ahora ya no, pero cuando empecé no pensaba que iba a estar tantos años dedicado al fútbol. Soy por eso un privilegiado y le doy cada día gracias a Dios de haber convertido mi pasión en mi profesión. Desde que empecé allá por el año 75 o 76 a ser jugador federado hasta hoy, no me he desvinculado nunca del fútbol. Eso, después de 50 años, creo que es un lujo. Y todavía tengo cuerda para rato (sonríe).

¿Ha cambiado mucho el fútbol, la industria del fútbol?

Sí, pero la vida ha cambiado también. Se ha hecho una industria muy profesional, muy metódica, con capacidad para movilizar, aunque siempre la ha tenido, a mucha más gente, la información llega mucho más, las redes sociales posibilitan que toda la gente opine…, ha cambiado mucho. Pero yo creo que ha cambiado todo el mensaje de la sociedad; antes pensábamos un poco más a medio largo plazo, hoy es la inmediatez constante, el corto plazo. Bueno, hay que adaptarse.

¿Y le sobra algo de esa nueva situación?

No, yo puedo decir que soy un privilegiado porque disfruto de ello. Yo vivo mucho en la calle, prácticamente hago la misma vida que antes de hacerme cargo de la selección absoluta, visito los mismos sitios, vivo con las mismas personas… El impacto mediático que tengo es mucho mayor, pero la gente me demuestra mucho cariño, respeto, cercanía y a mí eso es lo que me gusta. Doy mucha importancia a las relaciones humanas. Y esto me posibilita conocer gente muy interesante, que me enseña mucho, con la que compartimos muchas circunstancias, y eso me enriquece como ser humano. Y es lo que yo luego trato de aportar a mi profesión.

Recibirá invitaciones de muchas marcas para colaborar. ¿Por qué IWC?

Creo que compartimos unos valores muy similares. Soy una persona que disfruto la sobriedad, la entereza y, algo que es muy importante, la elegancia discreta. Y creo que en ese sentido me siento muy alineado con IWC, porque creo que compartimos esos valores, también el estilo, el respeto, que son importantes para mí.

Volvemos a la selección. ¿Cómo se gestiona un equipo de gente tan joven, con tanta fama, dinero y expectativas?

Retomo lo que hablábamos antes. Todo es mucho más fácil si gestionas personas con valores comunes, con criterios de vida muy parecidos y, sobre todo, con una base fundamental que es el respeto. En algún sitio leí que el edificio de la convivencia se construye desde el cimiento del respeto. Con respeto, todo es mucho más sencillo, y estos futbolistas, además de grandes jugadores, los mejores del mundo en mi opinión, son buenas personas y eso permite que los egos, a pesar de ese sentido peyorativo que tiene el ego, aquí tenga un sentido positivo. Aquí los egos ayudan a formar un equipo. Los egos están al servicio del colectivo. El talento individual siempre participa del bien común. Pero no es casualidad. Es la apuesta por transmitir a estos jugadores estos mensajes, estos valores y de seleccionar precisamente este tipo de personas. Reitero: son los mejores jugadores del mundo, pero también las mejores personas.

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