Cuando el espía cambió de reloj: la alianza entre OMEGA y 007

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foto: cortesía

En el universo de James Bond, cada detalle comunica carácter: los autos, los trajes, los gestos medidos y, por supuesto, el reloj. Durante décadas, el espía británico estuvo ligado a distintos modelos Rolex, pero en 1995 algo cambió para siempre. Con el estreno de GoldenEye, la diseñadora de vestuario Lindy Hemming eligió un OMEGA Seamaster para Pierce Brosnan, convencida de que un comandante naval moderno de la Marina británica usaría una pieza vinculada históricamente al mundo militar y al buceo profesional.

La decisión no sólo renovó la imagen de Bond, también redefinió la presencia de OMEGA dentro de la cultura popular. El Seamaster aportaba una elegancia más sobria y técnica, menos ostentosa y más cercana al perfil de un hombre que combina sofisticación con disciplina táctica. Desde entonces, el reloj dejó de ser un simple complemento para convertirse en una extensión silenciosa de la personalidad de 007.

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Con la llegada de Daniel Craig, la relación entre Bond y OMEGA adquirió una identidad aún más robusta. A lo largo de películas como Skyfall, Spectre y No Time to Die, el actor llevó distintas versiones del Seamaster Diver 300M y del Planet Ocean, modelos que equilibraban resistencia, diseño utilitario y detalles vintage inspirados en relojes militares clásicos.

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Con el tiempo, Craig incluso participó activamente en el desarrollo de algunas piezas, especialmente en el Seamaster Diver 300M de titanio creado para No Time to Die. Ligero, funcional y con una estética envejecida de inspiración táctica, el reloj resumía perfectamente la evolución de Bond: un hombre menos impecable y más humano, pero igual de preciso. Así, OMEGA no solo encontró un embajador cinematográfico; encontró un lugar permanente dentro del imaginario de uno de los personajes más icónicos del cine.

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