
El apetito nace de aromas y de aspectos para culminar en la degustación de una explosión de sabores. Las papilas gustativas son una parte del cuerpo que no debe pasar desapercibida, y en determinados lugares encuentran su terreno ideal para despertar. Esta semana, las brasas y la estacionalidad convergen en Candeli, donde la trufa negra toma la mesa y la convierte en un ejercicio sensorial que se despliega sin prisas y con curiosidad.
Situado en el corazón de Chamberi, el restaurante propone del 16 al 22 de febrero una pausa gastronómica centrada en uno de los ingredientes más evocadores del invierno. No se trata de una celebración solemne ni distante; la experiencia empieza desde que el aroma terroso llega antes que el plato, insinuando lo que vendrá. La temporada dicta el ritmo, y la cocina responde con preparaciones que abrazan ese momento exacto en el calendario culinario.
El recorrido puede abrir con una parmentier de yuca y setas coronada por huevo poché, donde la trufa se integra como un susurro profundo que sostiene cada bocado. Luego aparecen la vieira a la brasa con puerro confitado o la alcachofa rellena de rabo de toro, ambas con esa capa aromática que amplifica las texturas. Incluso algo aparentemente cotidiano como unos huevos camperos fritos con patatas adquiere otra dimensión cuando se impregna de ese perfume que transforma la mesa en un terreno de descubrimiento.
Como cierre, el flan casero elaborado con leche cruda de oveja devuelve al comensal a una dulzura familiar que equilibra la intensidad previa. Detrás de cada plato, la selección del ingrediente estrella procede de proveedores especializados en Soria, asegurando frescura y carácter. Este cuidado no se presenta como discurso técnico, sino como una decisión tangible que se percibe directamente en el paladar.
Más allá del menú temporal, la identidad del espacio también participa en la vivencia. Fundado por Alberto y Francisco Rivera, el restaurante equilibra dos atmósferas: la zona de mesas altas junto a la parrilla, más espontánea y conversacional, y un interior de líneas limpias pensado para encuentros más pausados. Ambas comparten una misma intención: que el acto de comer sea una experiencia que combine atención al detalle y cercanía.
Durante esta semana, la trufa negra se convierte en motivo suficiente para dejarse llevar por el instinto gastronómico. Quien se acerque encontrará algo más que platos bien ejecutados: hallará un momento en el que aroma, temperatura y compañía se alinean para recordar que el gusto también construye memoria. Antes de que la temporada se disuelva, la mesa se presenta como invitación abierta a entregarse al placer del instante.