La biblioteca Hendrik Conscience, el gran tesoro bibliográfico de Amberes
Fundada en el siglo XV, la biblioteca Hendrik Conscience, en Amberes, alberga un patrimonio de más de 1,5 millones de títulos, convertidos en historia del libro europeo. En sus 35 kilómetros de estantería, lucen ejemplares ancestrales absolutamente únicos e, incluso, el bien más antiguo, un papiro de hace 3.000 años.
La Biblioteca Patrimonial Hendrik Conscience, así bautizada en honor al escritor flamenco del siglo XIX, ocupa la antigua sede de la cofradía promovida por la orden jesuita. Frente a ella, en un entorno próvido en el corazón de Amberes (la segunda ciudad por población de Bélgica, tras la capital, Bruselas), se alza la imponente iglesia barroca de San Carlos Borromeo. Su contenido es el resultado de una política sostenida de recopilación a pesar de cualquier vicisitud. Su fondo de ejemplares únicos, ediciones antiguas o publicaciones contemporáneas periódicas −en papel, microfilm o formato digital− abarca más de cinco siglos de historia de Amberes y Flandes, del patrimonio cultural flamenco y de la literatura neerlandesa.
Fundada en 1481 con la donación a la ciudad de 41 incunables, propiedad del procurador Willem Pauwels, tan escueto fondo fue pasto de las llamas en 1576 en el fragor de la Furia Española y el motín de los Tercios. Aun así, fue el germen de la entonces Biblioteca Municipal: un repositorio de conocimiento universal. Además de nombres y títulos conocidos, fue un reflejo de la vida cultural y de las tradiciones intelectuales de la Europa histórica.

El impresor Cristóbal Plantin impulsó su reconstrucción con su Biblia Polyglotta y su Opticorum libri VI, de Francisco Aguilonio, ejemplo que siguieron sus sucesores. Amberes era entonces uno de los grandes centros editoriales del mundo. Incluso después de su caída en 1585, la vida cultural y el propio gremio florecieron hasta bien entrado el siglo XVII.
En 1604, el obispo Joannes Miraeus fundó el seminario episcopal y su sobrino Aubertus forjó la Bibliothecae Antverpianae Primordia con 356 obras donadas, incluidos 32 manuscritos, que fusionó con la municipal. Tras varios trasiegos, en 1802 la colección incorporó miles de ejemplares de los claustros disueltos por los ocupantes franceses. Sus 43.000 volúmenes de entonces propiciarían la compra de su sede definitiva.
Los responsables de la biblioteca de los últimos dos siglos han recopilado sistemáticamente publicaciones relacionadas con la historia cultural y general de Flandes y los Países Bajos meridionales desde la Edad Media. A mediados del XIX, el bibliotecario Frans Henry Mertens diseñó un sistema de ordenación, publicó un catálogo e inició la colección que hoy reúne la obra de autores flamencos y neerlandeses; pero, también, su patrimonio material e inmaterial o su cultura popular: desde ficción pulp en neerlandés de los 60 y 70 del pasado siglo o publicaciones periódicas en ciclostil en los 60. Incluso material no literario: audiolibros o adaptaciones cinematográficas.

En 1905, los herederos del senador Gustave Havre subastaron su biblioteca y el bibliotecario jefe, French Gittens, solicitó su adquisición. Gracias a un fondo de dotación inspirado en la tradición de que los ciudadanos actúen como mecenas –que aún existe y patrocina regularmente−, adquirió la cuarta parte.
A finales de la centuria, el interés se centró en el Flandes contemporáneo y el movimiento flamenco y su historia política, social y económica desde el siglo XVIII. A principios de este siglo ya era una de las bibliotecas de referencia por su especialización en humanidades en general y en el patrimonio cultural flamenco en particular. En 2008, adquirió estatus patrimonial reconocido oficialmente en 2011. Su fondo Antverpiensia incluye tanto historia de Amberes como obras de autores nativos, sobre la ciudad o publicadas por instituciones locales; láminas, obra musical, manuscritos desde el siglo X o grabados impresos antes de 1831.
Hoy, la colección atesora más de 1.500.000 títulos, 40.000 impresos antes de 1830 −incluidas ordenanzas y edictos desde el siglo XVI al XVIII−, dispuestos en 35 kilómetros de estanterías. Además de una completa historia del libro europeo, es depositaria de diversos fondos institucionales como la catedral de Nuestra Señora, el Zoológico, el Museo Folclórico… No solo su colección es patrimonio con mayúsculas, sino que también lo es la propia biblioteca.

La gema: la sala Nottebohm
La sala proyectada en 1936 en honor a Oscar Nottebohm −empresario local y mecenas− alberga los títulos más destacados de la biblioteca. Es la joya de la corona: un espacio evocador con una atmósfera irrepetible, signada por el aroma de 150.000 libros antiguos absolutamente únicos. En contraste con el bullicio del centro de Amberes, su silencio solo lo altera el crujido de la madera al pisarla.
La sala reemplaza una capilla de estilo barroco, muy popular entre la élite local del XVII, profusamente decorada con pinturas de Rubens y Van Dyck, en la que se reunían las fraternidades que compartían fe e influencia en la sociedad local en un edificio de 1621, llamado de las Cofradías, adquirido en 1883 para albergar a la entonces Biblioteca Municipal.
Su entrada está precedida por el mapa litografiado de Virgil Bononiensis, coloreado a mano por Achiel Kas en 1900. Según la única copia de 1596 conservada en el Museo Plantin-Moretus, describe el apogeo económico de Amberes en el Siglo de Oro. Además, la sala alberga donaciones singulares como los globos azules, celestes y terrestres, de Willem Janszoon Blaeu de mediados del XVII o un gabinete egipcio. Su bien más antiguo es un papiro de hace 3.000 años: narra el viaje de la sacerdotisa tebana Djed-Maät-ious-anch a través del inframundo.

Algunos ejemplares del fondo de la sala Nottebohm se expondrán del 25 de enero al 1 de febrero en la Feria de Arte de Bruselas (BRAFA), en el stand de la Cámara Profesional Belga de Libreros Antiguos y Modernos (CLAM), integrada por 30 libreros anticuarios de Amberes, Brujas, Bruselas, Gante, Lieja…, además de otros países.