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El regreso del detalle: El Foulard de seda

Del refinamiento clásico a la reinvención contemporánea, el foulard de seda vuelve al armario masculino como un símbolo de estilo personal, herencia textil y sofisticación.

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Fotografía: Getty Images

El foulard de es algo casi mágico, una pieza ligera, casi etérea, que ha transitado de lo funcional a lo simbólico con una naturalidad envidiable. Aunque durante décadas se asoció más con el guardarropa femenino, su presencia en la moda masculina tiene raíces profundas, vinculadas a la aristocracia europea y a una noción de elegancia despreocupada que hoy vuelve a cobrar sentido.

En el universo contemporáneo, el foulard ha dejado de ser un gesto excéntrico para convertirse en un detalle que aumenta el estilo. Casas como Hermès —que elevó el carré de seda a objeto de culto— o Gucci han reinterpretado el accesorio con códigos gráficos que oscilan entre lo clásico y lo maximalista. A ellas se suman propuestas más cercanas como Pineda Covalin, que traduce iconografía latinoamericana en seda, o firmas emergentes como Havoc, que exploran una estética más contemporánea y urbana. También nombres como Versace o Dries Van Noten han mantenido viva la conversación entre arte textil y moda masculina.

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Fotografía: Getty Images
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Fotografía: Getty Images

Parte de su vigencia radica en el lenguaje visual que habita la seda. Desde el clásico paisley —ese motivo de origen persa que evoca formas orgánicas y fluidas— hasta composiciones geométricas, florales o abstractas, el foulard funciona como un lienzo portátil. Algunos diseños remiten a archivos históricos, otros a ilustraciones contemporáneas o referencias culturales que convierten cada pieza en una narrativa visual, donde el color y la repetición generan identidad.

Detrás de esa ligereza hay también técnica. La seda, por su estructura proteica, permite una absorción precisa del color, lo que la convierte en el soporte ideal para procesos como la serigrafía tradicional o el estampado digital con tintes ácidos, donde el color se fija mediante vapor y control térmico. A esto se suman acabados artesanales como el orillado a mano o la pintura directa sobre tela, que refuerzan la dimensión casi artística del accesorio.

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Fotografía: Getty Images
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Fotografía: Getty Images

Pero si el foulard ha vuelto al radar masculino no es solo por su historia o su manufactura, sino por quienes lo llevan. Tom Ford lo convierte en extensión de su elegancia calculada; Stanley Tucci lo integra con naturalidad a su uniforme sofisticado; mientras figuras como Harry Styles, A$AP Rocky o David Beckham lo han reinterpretado desde códigos más libres. En todos los casos, el mensaje es el mismo: el estilo, como la seda, se mueve mejor cuando fluye.

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Fotografía: Getty Images
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