La velocidad del lujo
Más de 600 millones de dólares en piezas únicas resguardadas en Bedford, Nueva York. La colección automotriz de Ralph Lauren es una extensión de su universo estético: elegancia, precisión y poder presentados en acero y velocidad.

Todo mundo conoce a Ralph Lauren como el responsable del imaginario ecuestre norteamericano, aquel diseñador que ha logrado llevar el look clásico a una exploración social de la élite. Pero más allá de las pasarelas y las campañas con atmósfera aristocrática, existe otro territorio donde su obsesión por la excelencia se vuelve tangible: su colección de automóviles. Para Lauren, los coches no son un pasatiempo; son esculturas en movimiento, objetos donde diseño, ingeniería e historia convergen con la misma disciplina que un traje perfectamente cortado.
Resguardada cuidadosamente en Bedford, Nueva York, la colección está valuada en más de 600 millones de dólares y es considerada la más valiosa del mundo. Reúne piezas prácticamente irrepetibles como el Bugatti 57SC Atlantic 1938 —del que existen solo tres en el mundo—, el Mercedes-Benz SSK Count Trossi 1930 o el Alfa Romeo 8C 2900B MM 1938, auténticas joyas del periodo pre y postguerra. También alberga iconos de elegancia absoluta como el Mercedes-Benz 300 SL Roadster 1959, cuya silueta sigue definiendo la noción de sofisticación automotriz.


La narrativa continúa con leyendas del rendimiento y la competición: el Ferrari 250 GTO / 250 LM 1962, el Jaguar D-Type Works Long Nose 1955, el Aston Martin DB5 Convertible 1965 o el Jaguar XK120 Roadster 1950. Cada uno representa un momento donde la velocidad y el diseño alcanzaron un equilibrio casi perfecto. Más que una acumulación de rarezas, la selección revela un criterio claro: líneas puras, carácter decidido y una identidad estética que resiste el paso del tiempo.
La colección también abraza la modernidad con piezas como el McLaren F1 LM / F1 1996, el Porsche 959 “Komfort” 1987, el Ferrari F40, el Ferrari F50, el Lamborghini Reventón Roadster 2008, el RUF CTR-3 Clubsport o el Porsche 918 Spyder. En ellos, la tecnología se convierte en una extensión del lujo contemporáneo. Así como en su moda, Lauren no persigue la tendencia sino la permanencia: cada coche es una declaración de gusto, una pieza que traduce su visión del poder, la tradición y el deseo en metal pulido y motor rugiente.

