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Wagner Moura, el éxito sin atajos

Flamante ganador del Globo de Oro, mejor actor en Cannes, nominado al Oscar, el brasileño Wagner Moura vive el mejor momento gracias a El agente secreto, dirigida por su amigo Kleber Mendonça Filho, en la que reivindican la memoria histórica de su país.

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El papel de Wagner Moura en El agente secreto ya ha sido premiado en Cannes (mayo de 2025) y en los Globos de Oro (enero de 2026). Siguiente parada: los Oscar (16 de marzo).

Irene Crespo

“El agente secreto es una película sobre la memoria, más bien sobre la falta de memoria, y sobre el trauma generacional. Yo creo que, si se pueden transmitir los traumas a lo largo de las generaciones, los valores también se pueden transmitir”. El discurso de Wagner Moura (Salvador de Bahía, Brasil, 1976) al recoger el Globo de Oro el pasado enero fue uno de los más virales de la temporada de premios en Hollywood. El actor hacía historia, doblemente nominado (también por su papel en la serie Ladrones de droga), ganador, y en su discurso no solo hacía referencia a su película, dirigida por el también brasileño Kleber Mendonça Filho, sino también al momento que vivimos en todo el mundo, en el que destapar la verdad y hablarla es fundamental para alcanzar justicia.

De eso va El agente secreto (en cines desde el 20 de febrero), uno de los filmes del año desde su estreno en el último Festival de Cannes –mayo de 2025, donde Moura ganó como mejor actor el primer premio de una larga lista que pue- de incluir el Oscar este año y Mendonça Filho, como director–, que ahonda en la necesidad marcada por Aún estoy aquí, la película de otro compatriota, Walter Salles, de rebuscar sin miedo en la memoria personal y colectiva para curar las heridas de hoy y no repetir los errores de ayer.

El agente secreto está situada en 1977, en plena dictadura militar en Brasil, un momento de violencia extrema en las calles, y Moura interpreta a un hombre de izquierdas, perseguido, intentando huir del país con su hijo. “Es un thriller de atmósferas, de las ropas y las palabras correctas, no de datos…”, dice su director, que ha llenado el filme de sus recuerdos personales y cinéfilos. Es una película que ha unido por fin a director y actor después de 20 años.

Con ella, Moura ha vuelto a triunfar en el cine brasileño, donde despegó su carrera con Tropa de élite, en 2007. Periodista de profesión, oficio que respeta profundamente, Wagner Moura saltó a Hollywood en 2013 con Elysium y consolidó su estatus internacional con la serie Narcos, interpretando al mismísimo Pablo Escobar. Después, ha sido capaz de escaparse de papeles cliché en la industria americana, en la que ha trabajado más en los últimos años precisamente por la situación política de su país con Bolsonaro.

Conoció a Kleber en el Festival de Cannes hace 20 años y ambos llevaban queriendo trabajar juntos desde entonces.

Haría lo que fuera con él. Nos conocimos aquí, cuando él aún era crítico de cine; después, él estrenó su ópera prima, Sonidos de barrio (2012), una de las mejores películas de la historia del cine brasileño, y empecé a seguir su carrera como cineasta. Pero lo que realmente nos conectó fue la política. Los dos éramos muy firmes contra el Gobierno fascista anterior de Brasil, un periodo muy duro para todos… Empezamos una relación hablando mucho sobre cómo resistir a ese momento y El agente secreto nació de esa conexión política.

De hecho, esta es una película política, aunque no lo dice claramente…, no sabemos muy bien qué pasa con su personaje hasta muy avanzado el metraje.

Es muy inteligente, empiezas a entenderlo en la página 140 del guion, es lo que hace de Kleber un cineasta único, que sabe mucho de cine, que ama el cine americano de los 70, puedes ver la influencia de Brian De Palma aquí, por ejemplo. Coge todo eso y lo hace tan brasileño como puede. Y una de las cosas que más me gusta de él es el tiempo que se toma para contar las cosas, los detalles, cada paso… Es único.

¿Aportó algo personal a su personaje? ¿Hay algo que quisiera darle a su Marcelo?

Cuando mi mujer vio la película me dijo que me estaba interpretando a mí mismo [risas]. He puesto mucho en Marcelo, pero también tiene mucho de Kleber… y de mis recuerdos y lo que sabía de la dictadura, todo lo que aprendí investigando para la película que dirigí, Marighella, que contaba el asesinato por la dictadura, en 1969, del político y escritor… Y luego hay pequeños detalles, como las camisas, son como las que llevaba mi padre, con ese bolsillo en el que guardaba el tabaco. Nací en 1976; en 1977, donde se sitúa la película, yo tenía solo un año, claro, pero lo recuerdo todo. En las notas de producción, Kleber explica que ve sus películas como álbumes de fotos que enseña a la gente, y me parece una definición muy acertada, creo que se pueden oler, sentir…

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Su interpretación de Pablo Escobar en la serie Narcos es uno de los papeles que le lanzó al estrellato, junto a películas como Tropa de élite o Elysium.

Tanto Aún estoy aquí, de Walter Salles, como El agente secreto hablan de memoria histórica y se reflejan en hoy. ¿Hay un proceso abierto de debate en Brasil?

La película de Walter fue un gran éxito, me hizo muy feliz porque conectó a los brasileños con el cine brasileño. Hubo un momento en que los artistas eran el enemigo del pueblo, y eso es muy perjudicial, no puede pasar en un país. Gente joven en Brasil descubrió la dictadura viendo esa película y todo el mundo apoyó a Fernanda Torres en los Oscar. Conectar aquel momento con el ahora, como hace nuestra película, es fundamental para que la gente siga reaccionando a eso, haga algo y sienta una responsabilidad y no siga con sus videojuegos como si nada. Por eso también hice Marighella, porque hay muchos recuerdos de nuestra historia que intentaron enterrar. Vengo de un país en el que mucha gente desapareció en la dictadura. Y aún ocurre hoy con la gente negra en las favelas, asesinadas por la policía.

¿Cree entonces en el poder de las películas para abrir y generar esos debates?

Depende de la película, pero sí creo que las películas también pueden contribuir a estos debates. Y, por eso, siempre que me involucro en una película lo hago con mucha pasión. Nunca he aceptado un proyecto solo por dinero. He hecho películas malas, pero cuando decidí hacerlas, mis razones fueron muy nobles. Y me gusta mirar atrás y sentirme orgulloso de lo que he hecho. No me arrepiento de lo que he rechazado.

Su compromiso político en pantalla viene desde Tropa de élite.

Supongo que terminas atrayendo algo con lo que tienes una conexión. Me gustan las películas políticas. La próxima que voy a dirigir es sobre los trabajadores de un restaurante que fueron despedidos una semana antes de Navidad. Es una película navideña anticapitalista que se ambientará en Canadá, una producción estadounidense. Sí, me gustan este tipo de películas, aunque no significa que solo vaya a hacer eso… ¡He puesto mi voz en El gato con botas! Y me divertí mucho haciéndolo.

¿Saltar a la dirección y la producción ha sido un paso natural?

Sí, supongo, empiezas porque quieres tener más control sobre lo que haces, o que sea más tuyo, contribuir más al proyecto, no limitarte al rol de actor. Desde ese lugar ves más cosas que a lo mejor un productor normal no ve. Siempre he tenido intereses más allá de la interpretación.

¿Su estatus internacional después de Narcos le ha permitido poner en marcha más proyectos, le llegan más y mejores?

La verdad es que no. A pesar del éxito, no es fácil conseguir el dinero para la clase de películas que quiero hacer. Y no es que sean películas herméticas, complejas; quiero que sean comerciales, que las vea mucha gente, pero no son historias atractivas, supongo, para la mayoría de los mercados. Por eso voy moviéndome de un lado a otro, entre Brasil y EE.UU., voy a rodar en Norteamérica, he hecho teatro en mi país…

Según Kleber, usted tiene el aura de una estrella clásica de cine.

¿Eso dice? ¿Qué puedo decir yo? No le voy a llevar la contraria [risas]… Llevo ya mucho tiempo trabajando en esto, he hecho muchas películas, pero me pregunto qué es una estrella de cine. ¿Qué supone serlo? ¿Que solo haces protagonistas? Esa no es mi naturaleza. Yo también puedo ser un personaje más del reparto, un secundario. No es lo que me interesa. Mi proceso de selección de proyectos siempre ha sido igual: me interesa si me va a aportar algo, si voy a aprender, si me gusta el director, el equipo…

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