Cartier, geometría flexible
Cartier tiene en la colección de joyas Clash una de sus creaciones más especiales. Ahora reivindica su carácter con la introducción del oro amarillo, nuevos colores y volúmenes.

piezas totalmente flexibles, como
un desafío a la geometría del
Clash. Son ahora joyas amplias
y generosas que duplican sus
hileras según la versión, donde
cada una es una ingeniosa
construcción de elementos
articulados pulidos a mano.
R. B.
A principios del pasado siglo, Cartier se atrevió a jugar con los códigos de la joyería tradicional y adoptó elementos inspirados en el mundo industrial, un enfoque pionero que se manifestó sobre todo en los años 20 y 30 con los picots y los clous carrés. Estos motivos se fusionan en el Clash de Cartier, una creación que se distingue por una malla dentada. Ahora, amplía su repertorio creativo con piedras de colores, ónix, volúmenes XL y estilos modulares.

versión XL, Clash de Cartier
gana amplitud y los picots
de ónix se subliman, pero
además se convierte en una
pieza que puede ser lucida
tanto por la mujer como por el
hombre, una visión totalmente
contemporánea de la joyería.
Ágata teñida de rojo o ágata teñida de verde, calcedonia rosa, ónix: los colores enriquecen su estética. Una sucesión de perlas de piedras duras intercaladas con picots de oro rosa que subraya el volumen arquitectónico de anillos, colgantes y pendientes. Las cuentas, además, se perforan y atornillan con un clou de Paris para mantenerlas sujetas.
Estas creaciones, en definitiva, se basan en una doble maestría: por un lado, la de la fundición a la cera perdida, propia de la joyería tradicional; y por el otro, la del mecanizado de alta precisión, que reúne hasta 600 componentes diferentes, en forma de construcción de elementos articulados pulidos a mano. Todas las piezas están ensambladas pero su movimiento es libre, lo que produce una mínima vibración sonora muy particular.