Romy Schneider, la actriz contra el mito

Romy Schneider, la actriz contra el mito

Se fue en silencio, y a una edad para muchos temprana, 43 años. Un paro cardiaco se la llevó de este mundo, de noche y en soledad. No hubo autopsia, aunque existen pruebas de que la muerte pudo ser debida a una ingestión de barbitúricos y alcohol, cóctel en más de un caso letal. Se […]

Se fue en silencio, y a una edad para muchos temprana, 43 años. Un paro cardiaco se la llevó de este mundo, de noche y en soledad. No hubo autopsia, aunque existen pruebas de que la muerte pudo ser debida a una ingestión de barbitúricos y alcohol, cóctel en más de un caso letal. Se fue la mujer, pero no el mito, el de una estrella de cine que entusiasmó al mundo por su belleza y sus dotes interpretativas, sobre todo en las décadas de los 60 y 70 del siglo pasado.

Romy Schneider participó en más de 60 películas, muchas de ellas dirigidas por grandes del cine, y su relación con Alain Delon, la pasión y complicidad entre ambos, les convirtió en una pareja eterna. Una existencia de éxito y dinero que se vio truncada por el trágico fallecimiento de su hijo mayor, David, a los 14 años. Una losa que la mataría en vida: meses más tarde, sería su adiós.

Nacida en Viena en 1938, muy pronto se trasladó a Alemania, con lo que se la asociará más con ese país que con tierras austriacas. Hija de actores, de adolescente dará sus primeros pasos en el cine, que serán de gigante, al interpretar al poco tiempo el papel de la emperatriz Sissí. Esto le proporciona una gran notoriedad en suelo germano, llegando a realizar una serie sobre el personaje y hasta tres películas.

Surge la posibilidad de trabajar en Francia y Romy la aprovecha. Como compañero de reparto le proponen varios actores, por foto, y ella elige a uno de ellos. Es un joven desconocido, de nombre Alain Delon. Una historia de amor va a nacer entre ellos, que alcanza su cenit durante el rodaje de esa película, titulada Christine, en 1958. El noviazgo dura cuatro años: el galán Delon lo da por terminado al enamorarse de otra mujer, de nombre Nathalie, con quien finalmente se casará.

[caption id='attachment_7312' align='alignnone' width='1024']La actriz fotografiada por Sam Lévin, a comienzos de los 60. La actriz fotografiada por Sam Lévin, a comienzos de los 60.[/caption]

Carrera al estrellato

Ambos, Romy y Alain, pasarán de lo amoroso a lo amistoso, y será él quien pocos años más tarde logre que los franceses redescubran a la Schneider, al imponerla de coprotagonista en La piscine (La piscina), film de Jacques Deray, de finales de los 60, y donde una joven Jane Birkin tendrá también un papel. La austriaca es una mujer moderna y seductora, por su figura, sus gestos y hasta por ese acento que la hace más atractiva. “Era posible perderse en su mirada”, dijo de ella el escritor y letrista Jean-Loup Dabadie.

Nace un mito, que pocos años más tarde, en 1976 logrará un César –el equivalente a un Goya francés–, por L’importance c’est d’aimer (Lo importante es amar). Estamos ante una mujer con estilo que acapara flashes a nivel internacional, portadas de revistas, segura de sí misma ante las preguntas de cualquier periodista. Instalada definitivamente en París, donde tuvo como confidente a Marlene Dietrich, pronto se divorciará de su primer marido, Harry Meyen, padre de su hijo David.

Luchino Visconti, Orson Welles, Costa Gavras y Claude Chabrol serán algunos de los grandes directores de cine para los que trabaja, luciendo en algunas películas creaciones de costura de la firma Chanel, con cuya fundadora llegaría a trabar amistad. Ahora, coincidiendo con el 40 aniversario de su desaparición en 1982, la Cinemateca francesa, en París, le rinde tributo hasta el 31 de julio. “Romy Schneider comenzó su carrera a los 15 años y no dejó de trabajar hasta el final de su vida; pasó casi 30 años en un plató de cine y otros tantos trabajando, estableciendo relaciones con los directores, los actores, pero también con todos los técnicos”, ha recordado Clémentine Deroudille, comisaria de la muestra.

La Schneider, que no iba de diva, se casó una segunda vez, entonces con Daniel Biasini, su agente, y dio a luz una niña, Sarah, en la actualidad también actriz. Alcanzaría la madurez sin perder su magnetismo, hasta principios de los 80, cuando su hijo muere en un fatal accidente. Una estocada que la aparta también a ella de este mundo meses más tarde. Su recuerdo, gracias a sus películas, permanece eterno.

ETIQUETAS: