Jerry Lewis, el payasao audaz
Luis Ini Payaso. Así lo calificaron con ánimo degradante al comienzo de su carrera, cuando formaba yunta con Dean Martin y sus morisquetas eran la contracara del tipo cool que daba su compañero. Nacido como Joseph Levitch hace justo 100 años, hijo de artistas de vodevil, Lewis convirtió la exageración física en un recurso expresivo. […]

Luis Ini
Payaso. Así lo calificaron con ánimo degradante al comienzo de su carrera, cuando formaba yunta con Dean Martin y sus morisquetas eran la contracara del tipo cool que daba su compañero. Nacido como Joseph Levitch hace justo 100 años, hijo de artistas de vodevil, Lewis convirtió la exageración física en un recurso expresivo. Con Martin integró durante diez años el dúo cómico más taquillero de Estados Unidos en los años 50. El contraste –un básico del humor circense, y no solo– era la clave: el crooner imperturbable y el bufón descontrolado. Cuando la sociedad se disolvió amargamente en 1956 –la reconciliación llegaría dos décadas más tarde–, muchos auguraron la caída del payaso.
En solitario, Lewis construyó una figura autoral inusual en Hollywood. Desplegó habilidad para el control total del producto visual, incluido el montaje, y hasta se animó a experimentar con la técnica. Desarrolló también el video assist, sistema que permite revisar en tiempo real lo filmado, luego adoptado por toda la industria. Su cine exploró la identidad escindida, el fracaso masculino y la humillación social bajo la máscara del humor físico. De la docena de pelícu- las que firmó, sobresalen sin duda El profesor chiflado (1963), reinterpretación satírica de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, El terror de las chicas (1961) y Las joyas de la familia (1965). Además, condujo durante más de 40 años un telemaratón por la distrofia muscular.
Aquel insulto temprano terminó por convertirse en programa estético. El payaso era quien veía lo que otros preferían ocultar. Y en la escena final de su obra más célebre dejó una de- claración que resume su trayectoria: “Es mejor que te quieras a ti mismo. Piensa en todo el tiempo que tendrás que pasar contigo mismo. Y, bueno, si no te valoras tanto, ¿cómo podrán hacerlo los demás?”.