Audemars Piguet reimagina la Alta Relojería con el Atelier des Établisseurs
Una iniciativa que retoma el espíritu del siglo XVIII para dar forma a piezas únicas donde convergen oficio, innovación y una visión colectiva del lujo contemporáneo.

En el corazón de Le Brassus, Audemars Piguet abre un nuevo capítulo que mira hacia atrás con intención precisa: rescatar el pulso original de la relojería para proyectarlo hacia el presente. El Atelier des Établisseurs nace como una declaración de principios, una plataforma donde la creación no responde a la escala industrial, sino a la sensibilidad de múltiples manos que trabajan en sintonía.
El proyecto se inspira en el établissage, ese sistema que dio forma a la relojería suiza desde finales del siglo XVIII. En La Vallée de Joux, los inviernos largos obligaban a los granjeros a refugiarse en talleres improvisados, donde cada uno dominaba una especialidad. La figura del établisseur reunía esas piezas dispersas para ensamblar un reloj completo, una coreografía de precisión y confianza que hoy vuelve a cobrar sentido.


Presentado durante Watches and Wonders Geneva 2026, el Atelier no es un ejercicio de nostalgia. Se trata de un espacio activo, ubicado en el histórico Musée Atelier Audemars Piguet, donde convergen técnicas heredadas y herramientas contemporáneas. Grabadores, esmaltadores, lapidarios e ingenieros comparten un mismo lenguaje: el de la dedicación extrema.
Aquí, cada reloj se construye desde una lógica distinta. No hay producción masiva ni repetición mecánica; hay procesos largos, decisiones minuciosas y una búsqueda constante por llevar cada componente al límite de su expresión. El resultado son objetos que condensan conocimiento acumulado y una forma de entender el lujo que privilegia lo irrepetible.
Entre las primeras creaciones emerge el Établisseurs Galets, una pieza que captura la esencia del paisaje suizo. Su caja de oro amarillo adopta la forma orgánica de los guijarros del lago de Joux, mientras la esfera de piedra natural se convierte en protagonista absoluta. Cada eslabón del brazalete, distinto en silueta, se articula con fluidez, evocando el movimiento del agua. En su interior, el calibre 3098 se adapta a esta forma irregular, con acabados realizados a mano que revelan una precisión silenciosa.


El Établisseurs Nomade propone otra narrativa: la del objeto en tránsito. Concebido para transformarse, puede llevarse consigo o reposar sobre una superficie, alternando entre distintas posiciones. Su arquitectura combina titanio u oro con piedras naturales cuidadosamente trabajadas, mientras el calibre 7501, esqueletado manualmente, deja ver la estructura interna como si se tratara de un mapa abierto. Es una pieza que invita a interactuar, a descubrirla desde distintos ángulos.
Por su parte, el Établisseurs Peacock se acerca al terreno de lo casi teatral. Cerrado, se presenta como un escarabajo de oro blanco; al activarse, despliega un pavo real en miniatura, revelando una esfera esmaltada que reproduce su plumaje con un nivel de detalle extraordinario. Este reloj secreto sintetiza múltiples disciplinas —grabado, esmalte, engastado— en una sola pieza que oscila entre joya y mecanismo.
Con estas tres creaciones, Audemars Piguet no plantea una colección, plantea una forma de pensar: la relojería como territorio compartido, donde la técnica se encuentra con la imaginación.