La casa de Lorenzo Castillo sale a subasta
Bayeu Subastas presenta una excepcional venta del universo personal del interiorista español: muebles, arte y antigüedades que durante años dieron vida a una rectoría asturiana convertida en manifiesto estético.

Hay casas que funcionan como autobiografías silenciosas. Espacios donde cada objeto revela obsesiones, viajes, referencias culturales y maneras muy específicas de entender la belleza. Eso ocurre con la propiedad de Lorenzo Castillo en Peruyes, Asturias, cuyo contenido completo será subastado el próximo 27 de mayo por Bayeu Subastas en una de las convocatorias más singulares de la temporada europea. Más que una venta de antigüedades, el evento propone entrar en el imaginario privado de uno de los grandes nombres del interiorismo español contemporáneo.

La vivienda —una antigua rectoría rehabilitada sobre el valle del río Sella, entre Ribadesella y los Picos de Europa— resume con precisión el lenguaje visual que Castillo ha desarrollado durante décadas. Arquitectura tradicional asturiana, referencias orientales, piezas europeas del siglo XIX y objetos adquiridos en mercados y galerías de ciudades como Londres, París o Bruselas conviven aquí bajo una lógica profundamente personal. El resultado no responde a una estética decorativa rígida, sino a una sensibilidad donde distintas épocas y culturas dialogan con absoluta naturalidad.

La colección que ahora sale a subasta confirma además la dimensión viajera y cosmopolita del interiorista. Alfombras turcas y españolas, pintura inglesa, mobiliario histórico, porcelanas orientales, obras modernas y objetos provenientes de Siria, India, China o Japón construyen una narrativa visual marcada por el eclecticismo elegante que define gran parte de su trabajo. Especialmente llamativa resulta la presencia recurrente del orientalismo, visible tanto en piezas japonesas y chinas como en múltiples referencias animales integradas en muebles, platas y objetos decorativos.

Entre los conjuntos más interesantes destaca también una colección de 25 retratos, reflejo de una de las grandes pasiones de Castillo como coleccionista. Hay algo profundamente cinematográfico en esa convivencia de rostros, materiales y objetos acumulados durante años. Cada pieza parece existir no únicamente por su valor artístico o histórico, sino por el papel emocional que desempeñaba dentro de la atmósfera total de la casa. Precisamente ahí reside el atractivo de este tipo de subastas: no se dispersan únicamente objetos, sino una forma completa de habitar el espacio.
En una industria del diseño cada vez más dominada por interiores homogéneos y tendencias fugaces, el universo de Lorenzo Castillo recuerda el valor de las casas construidas lentamente, desde el oficio, la memoria y la intuición cultural. Que una colección de esta naturaleza salga al mercado —más de veinte años después de la última subasta personal del interiorista— convierte la cita organizada por Bayeu Subastas en mucho más que un evento para coleccionistas. Es, en cierta forma, la posibilidad irrepetible de adquirir fragmentos de una mirada estética que durante décadas ha redefinido el lujo clásico español.