De la felicidad, el sentido de la vida y otras incógnitas de la existencia

De la felicidad, el sentido de la vida y otras incógnitas de la existencia

Sobre un concepto relativamente sencillo, “lo material no es lo más imporante, sino la calidad de nuestras relaciones”, el filósofo Jordi Pigem ha estructurado un discurso existencial que, superando la abstracción a veces tan común en este tipo de disciplinas, interpela directamente a todos y cada uno de nosotros. Con, si no recetas, mensajes claros: […]

Sobre un concepto relativamente sencillo, “lo material no es lo más imporante, sino la calidad de nuestras relaciones”, el filósofo Jordi Pigem ha estructurado un discurso existencial que, superando la abstracción a veces tan común en este tipo de disciplinas, interpela directamente a todos y cada uno de nosotros. Con, si no recetas, mensajes claros: la ecología y la naturaleza como alternativas a un consumismo devastador e insostenible; la prevención ante una tecnología tan prodigiosa como alineante, y la necesidad de buscar en lo cualitativo, y no en lo cuantitativo, el sentido de la vida. Barcelonés de 56 años, Pigem es doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona, ha dado clases de Filosofía de la Ciencia y otras disciplinas en universidades de Europa y América, colabora con diversos medios de comunicación y ha escrito, entre otros, los libros 'La odisea de Occidente', 'Buena Crisis', 'La nueva realidad' y 'Ángeles o robots'.

En 1992, científicos de todo el mundo firmaron un manifiesto –del que se hizo eco la revista en la que usted trabajaba entonces, Integral– en el que advertían de que el rumbo consumista de la sociedad industrial acabaría con la vida tal como la conocemos. Casi 30 años después, ¿no era para tanto o la degradación continúa?

Desde entonces, todos los indicadores del estado de salud de la Tierra, de la biosfera, han ido a peor y de forma más acelerada, salvo el agujero en la capa de ozono, que ya veremos. Y al mismo tiempo, se ha dado un proceso paralelo de crecimiento exponencial de las distracciones y del ensimismamiento. Cada vez más, vivimos en una burbuja en la que nos llega más información de la que podemos asimilar. Sabemos que se derriten los hielos, que especies animales y vegetales desaparecen diariamente y economistas de todos los colores nos advierten de que el crecimiento económico ilimitado en un planeta finito es un absurdo y que tarde o temprano esto se derrumba. Y pese a ello, seguimos como si nada ocurriera.

“¿El éxito? que el día que te vayas de este mundo sientas que has aportado más luz que oscuridad a lo que te rodea”

Defiende usted otros modo de entender la vida. ¿En qué se traduce?

La ciencia, la física cuántica, la ecología y otras disciplinas, nos muestran que el mundo no está hecho de cosas, sino de relaciones, y que la materia es solo una emergencia temporal de una red de relaciones dinámicas. Pero hasta ahora la historia del pensamiento occidental ha estado guiada por una visión del mundo materialista, centrada en lo que es cuantificable, lo que ha llevado a que nuestras relaciones sociales también estén centradas en lo material, especialmente en el dinero. De hecho, tanto Descartes como Galileo nos dijeron que solo es real lo que se puede medir, peso, longitud, velocidad, aceleración; mientras que belleza, sabores, justicia, verdad son entidades para ellos subjetivas.

Jordi Pigem ha recibido, entre otros, el Premio de Ensayo de Resurgence y la Scientific and Medical Network (2006) y el XXV Premio Joan Maragall (2016).

¿Tiene la sensación de que la pandemia ha sido un toque de atención o no cree en el carácter justiciero de la naturaleza?

No creo que la pandemia sea una venganza de la naturaleza, aunque nuestra creciente destrucción y perturbación de ecosistemas, mezclando organismos que no suelen convivir juntos y provocando reacciones anómalas, está en la base de muchos de los virus que aparecen en las últimas décadas. Pero esta situación, en lugar de llevarnos a despertar una nueva relación con la naturaleza, está causando un miedo mayor que tiene unos efectos deshumanizadores muy graves. Es importante recordar que los virus son fragmentos de la red de la vida y que en toda persona sana hay billones de ellos, muchos de los cuales son inocuos o incluso beneficiosos.

En su libro 'Ángeles o Robots' relacionaba el mal uso de la tecnología con un creciente aburrimiento existencial y vacío interior. Muchos psiquiatras desde mediados del siglo XX constatan un crecimiento grave del vacío interior.

El primer gran psiquiatra en hablar claramente de ello es Viktor Frankl, que estuvo en los campos de concentración nazis y se dio cuenta de que los que sobrevivían tenían en común una motivación profunda para hacer algo cuando se acabara aquel infierno. Luego dio conferencias en EE. UU. y le llegaban alumnos de familias ricas, que tenían coche, pareja, estudios en la mejor universidad, y le decían que se querían suicidar porque su vida no tenía ningún sentido. Hemos construido un mundo materialmente exuberante, tecnológicamente prodigioso, pero cada vez más estos prodigios materiales y tecnológicos apartan nuestra atención de la realidad inmediata y de lo esencial.

Pero puedo sentir una vida plena en el sofá viendo series o aspirando a ser el artista más prolífico del mundo. ¿Hay valores objetivos que den sentido a la vida?

Lo que se constata desde la psicología es que la persona que está en un sofá consumiendo pasivamente series llega un momento en que se aburre. Tú no eres el protagonista de tu vida, estás recibiendo pasivamente contenidos externos. Y la gente que se siente realmente con una vida plena son personas que se han atrevido a ser sí mismas, lo que lleva a veces a romper roles sociales y a que la gente no entienda lo que decides hacer; son gente que se dedica a algo mayor que sí mismas, a la investigación, a la creatividad artística o a hacer un buen pan para los vecinos del pueblo.

Tú no puedes forzar a la felicidad a entrar en su tu vida, la puedes invitar, pero no forzar

¿Es buscar la felicidad una obligación o una esclavitud que provoca frustración?

La búsqueda de la felicidad formulada así es un oxímoron. No se puede encontrar buscándola deliberadamente. Es un resultado, a menudo de que te apasione tanto lo que haces que te olvides de ti mismo, y entonces te llega como una gracia. Tú no puedes forzar a la felicidad a entrar en su tu vida, la puedes invitar, pero no forzar.

El consumismo contra el que usted advierte nos ha hecho equiparar el éxito personal al profesional. ¿Qué es para usted el éxito?

Que el día que te vayas de este mundo sientas que tu vida ha tenido sentido, que has aportado más luz que oscuridad a lo que te rodeaba, a tu entorno humano y al conjunto de la vida de la Tierra; darte cuenta de que has tenido una vida plena el día que te toque evaluarla.

Sea sincero: ¿desearía para su hijo una sólida formación como filósofo o un puesto directivo y bien remunerado en una gran empresa?

“Preferiría ser un Sócrates hambriento que un cerdo satisfecho”, dijo el filósofo John Stuart Mill, uno de los padres del liberalismo.

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