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El holding que nació de la rebeldía

Siendo apenas un adolescente, José Antonio Mejías emprendió una esforzada formación en sistemas blockchain y mercados financieros hasta crear Blvck Sigma, una firma puntera que combina tecnología y finanzas.

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Traje de PUROEGO; camisa de doble puño y gemelos, de ROBERTO VERINO; corbata de HACKETT; y reloj Classique 7337 en oro rosa de BREGUET.

Es difícil explicar para un neófito a qué se dedica BLVCK SIGMA. Una primera descripción, extraída de su web, afirma que nació para “brindar servicios de gestión de instalaciones técnicas de primer nivel”. Otras incluyen términos también un tanto áridos como minería profesional o data centers. Así que nos agarramos a la que, con afán didáctico, nos facilita su fundador, José Antonio Mejías Pérez (Málaga, 1996): “Al final, lo que hacemos es dejar un ordenador encendido y programado para que trabaje por y para un fin”.

Aunque, en realidad, no se trata de un solo ordenador ni de un solo fin. Así que, avanzando, podemos decir que Blvck Sigma pone una gigante potencia computacional y sus habilidades en programación al servicio de tecnologías muy variadas –y ahora vienen los ejemplos que ayudan, esperemos, a cerrar la explicación–: para ese chat digital que se ofrece al cliente en la esquina de una web; para el creciente uso de la inteligencia artificial por parte de las empresas con fines organizativos; para que un banco pueda facilitar respuestas online a las dudas de los usuarios o, también, para hacer ese minado de datos –que requiere, precisamente, de ordenadores funcionando ininterrumpidamente– que acaba creando una criptomoneda.

Todo eso hace Blvck Sigma. Y mucho más, porque la firma lleva camino de convertirse en un holding que, operando en un universo mixto de finanzas y tecnología, ofrece no solo servicios de hardware y software, sino también gestión de inversiones o asesoría jurídica mientras se adentra en el sector de la llamada neobanca. Y, con una estructura internacional en plena expansión, un equipo humano que ya supera ampliamente la treintena de profesionales y una red de activos tecnológicos y empresariales cada vez más sólida, todo hace indicar que esto no ha hecho más que empezar.

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José Antonio Mejías lleva americana de lino y camisa de algodón, ambas de PUROEGO; cinturón en piel, de DOLCE & GABBANA; pantalón en algodón, de HUGO BOSS; y mocasines Selby en piel, de CROCKETT & JONES.

Quizás sea más fácil explicar cómo ha llegado José Antonio Mejías hasta aquí. Relativamente, porque aunque el camino sigue una línea clara y recta hacia el objetivo final, los pormenores implican tal cantidad de determinación, esfuerzo y, sin duda, talento que cuesta hacerse una idea fiel de cómo ha sido el trayecto.

Sería uno de esos giros argumentales que las películas resuelven con escenas que se superponen vertiginosamente en las que Mejías aparece durante el día trabajando en el mantenimiento de una finca privada y, durante la noche, ensimismado y con ojeras ante la pantalla de un ordenador o entre libros tratando de aprehender un mundo que crece ante sus ojos y del que quiere ser protagonista. Hasta que encuentra el espacio y el equipo humano adecuados, empieza a disponer ordenadores y el sueño comienza a hacerse realidad.

Pero no vayamos tan deprisa. Él mismo explica el inicio de su trayectoria como una cuestión de “rebeldía”: cuando, con apenas 16 años, desde la barriada malagueña de Ciudad Jardín en que empezaba a cuestionarse su futuro, decidió que en absoluto estaba dispuesto a que pasara por un trabajo convencional y por cuenta ajena a las órdenes de un jefe vaya usted a saber de qué tipo.

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Con traje de chaqueta entallado confeccionado en lana y camisa azul de algodón con gemelos, todo de ROBERTO VERINO; corbata, de HACKETT; reloj modelo Classique 7337 en oro rosa, de BREGUET en SUAREZ; y zapatos modelo Oxford en piel, de EXEREZ.

Autocuestionándose por sus talentos, decidió entonces encaminar la fuerza de su juventud a tareas de multiservicio. Funcionó como autónomo durante seis años en los que comenzó ese proceso de formación estudiando la tecnología blockchain –en la que se basa, entre otras cosas, la existencia de las criptomonedas– o iniciándose, entonces no con demasiado éxito, en la operativa de los mercados financieros.

En definitiva, según resume él mismo, “perdiendo mucho dinero, pasando muchas noches en vela, mucho tiempo enfrente de una pantalla y estudiando, sobre todo en mi casa y por mi cuenta”. Hasta que llegó 2020 y la pandemia que, en su caso sí, jugó ese papel de detonador de oportunidades que a veces se supone a las crisis. La tecnología que tanto le interesaba se convertía, de repente, en la herramienta universal para enfrentarse a la nueva situación: tiendas online, mejora de páginas web, teletrabajo, empresas digitales…

El sueño de montar un data center que tantas veces había rondado en su cabeza cobraba entonces más sentido que nunca. Mejías se puso manos a la obra, valorando todas las circunstancias –desde el precio de la electricidad a la temperatura ambiental– que implicaba un negocio que, al fin y al cabo, obliga a mantener potentes ordenadores trabajando 24 horas al día. El análisis le fue empujando hacia Europa del Este hasta recalar, finalmente, en Sofía, la capital de Bulgaria, en un espacio que, de hecho, se ha convertido en uno de los activos que Blvck Sigma publicita en su web: “Dentro de una central eléctrica, en una instalación cerrada y segura, con conexión a internet de alta velocidad”.

Y halló también el equipo humano perfecto: un grupo de jóvenes que se había quedado a medias, por falta de capital, en la constitución de un proyecto similar. El crecimiento fue exponencial, empujado por un boom que, entonces con escasa competencia, les sirvió para obtener réditos objetivamente exagerados. “Y así fue como nació el data center”, resume casi resoplando Mejías. La captación de las inversiones necesarias para seguir desarrollando la infraestructura de la empresa derivó en la constitución de Blvck Sigma Corp, abriendo a nuevos socios –en estos momentos, una comunidad de aproximadamente un millar de inversores privados– las puertas de ese mundo mixto de finanzas y tecnologías a través de un holding que cuenta, además, con una consultoría tecnológica en España, donde también se sitúa una asesoría jurídica, y sociedades en Suiza, Estados Unidos y México.

Los beneficios para los participantes rondan la nada desdeñable cifra del 5% mensual. Pero no es la captación de fondos, en estos momentos, una prioridad para la firma ni, por tanto, la exhibición pública de los rendimientos. Es más, Blvck Sigma advierte en Linkedin que “no es un proyecto de rentabilidades rápidas”, sino “una empresa que está construyendo una infraestructura tecnológica sólida con un horizonte a largo plazo. Nuestro modelo –añade– se basa en la convicción de que la minería profesional puede evolucionar desde una actividad percibida como especulativa hacia un servicio de grado institucional, donde la innovación tecnológica conviva con la gobernanza corporativa y la responsabilidad medioambiental”.

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Americana, camisa y pantalón, de ROBERTO VERINO y reloj de BREGUET.

Y destaca otra diferencia frente a operadores puramente virtuales: la empresa, como hemos explicado, tiene centros de datos propios, con cables, servidores, máquinas y espacio físico operativo. En este mundo en el que abundan los gurús de las finanzas ofreciendo enriquecimiento rápido y desmesurado, el propio Mejías prefiere un perfil sin alharacas dejando claro, incluso desde su perfil de Linkedin, que no vende humo. “Es bastante difícil distinguirlos –explica a Gentleman–, porque cada vez lo hacen mejor, pero hay ciertos patrones”; sistemas piramidales, localización en paraísos fiscales u opacidad para saber, realmente, quién hay detrás, entre otros.

Mejías sí presume de un talento propio: “Me considero un buen analista y me posiciono muy bien en diferentes sectores”, dice, mientras recuerda alguna compra de acciones en petroleras que, tras lo ocurrido en Venezuela o Irán, han multiplicado su valor. Instinto, sí, aunque también horas de análisis y una red empresarial e inversora que le mantiene en contacto con lo que ocurre en distintos mercados. Y por acabar con los estereotipos: en su despacho tiene solo dos ordenadores, eso sí, de 32 pulgadas que divide en ocho pantallas en total. “Pero, al final –explica–, no es tan necesario, porque tu ojo te da para ver solo una”.

JUAN LUIS GALLEGO

FOTOGRAFÍA: JACOBO MEDRANO

La sesión de fotos ha sido realizada en VEGA MEMBERS CLUB

C/ Lagasca, 88. Madrid.

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