Casa Pacheco: la morucha se viste de gala

Casa Pacheco: la morucha se viste de gala

Por su decoración, desde el principio está claro que estamos en un restaurante de cocina castellano-leonesa tradicional. Aquí no presumen de lo que no se es, pero se da lo que se promete, y de qué manera. José Antonio sabe hacer las cosas… No es raro que su madre, Teresa, esté tan orgullosa de su […]

Por su decoración, desde el principio está claro que estamos en un restaurante de cocina castellano-leonesa tradicional. Aquí no presumen de lo que no se es, pero se da lo que se promete, y de qué manera. José Antonio sabe hacer las cosas… No es raro que su madre, Teresa, esté tan orgullosa de su hijo.Sinceridad, buen servicio y buenos precios. Y comida, mucha y muy buena. En medio de un ambiente taurino perfectamente justificado, porque el toro forma parte de la identidad del lugar, y con un trato cercano y honesto, se nos presenta una carta sencilla, pero con un toque propio. Para empezar, aquí se cuidan la vajilla y los modales, que el buen gusto y lo rural no están reñidos con la elegancia.

En Casa Pacheco se respira un ambiente casero y auténtico.

Todo en Casa Pacheco respira ese aire auténtico que nos anuncia un buen comer, uno que recupera ese toque casero y auténtico que parece fácil pero que a tantos se les escapa. En la barra, no hay nada que parezca distinguir el local de tantos bares tradicionales del país. Un vino de la Sierra de Francia y alguna chacina de calidad sirven como aperitivo.Las referencias al steak tartar de morucha es la base del viaje y sólo con ver la carne que sale de la cocina, se queda uno tranquilo. Abrir boca con un poco de jamón de bellota y, sobre todo, sus croquetas de boletus, es un ‘latigazo’ que despierta nuestros sentidos y nos dice que aquí hay algo bueno y distinto. Siempre es una placer ver que la calidad no necesita tanta teatralidad, porque hay hosteleros que se sienten orgullosos de lo que venden.Un ‘no sé qué’ distinto en Casa Pacheco Empezamos bien y seguimos mejor. Su revuelto de farinato con materia prima hecha en Tamames, pueblo cercano, es una experiencia por sí mismo. Por supuesto, Casa Pacheco domina los guisos de cuchara, empezando por unas alubias inmejorables que además son de tamaños variados, lo que le da ese ‘no sé qué’ distinto, mejor. Los amigos de la cuchara saben que también tienen sus patatas guisadas como ejemplo de ‘receta secreta’.

La carne a la brasa y el tartar de morucha son una opción segura.

Pero no nos engañemos. Queda lo mejor, ese tartar de morucha, hecho al gusto del cliente. Que gusto da masticar la carne cortada a mano, jugosa, pero no pastosa, con esa textura que sólo tiene cuando está en su punto. Para aquellos que no gusta de la delicadeza de una sofisticada carne cruda, sabemos que en un lugar como éste la carne a la brasa es una opción segura.Y en el horno, el cabrito lechal, tierno y en su punto mantiene el tipo con elegancia, como los toreros que no esconden la mano. Esto es lo que convierte un lugar como Casa Pacheco en lo que es.Por si no fuera suficiente, queda el postre y la tarta de queso es tan tierna que nos devuelve a la infancia en el pueblo, mientras nuestro paladar y estómago lanzan mensajes a nuestro cerebro: aquí hay que venir otro día. En Salamanca hay mucho por ver y descubrir, pero lo que comenzó como una parada necesaria en una excursión de domingo, se convirtió en lo mejor del viaje. Quizá haya que reservar. (Calle Jose Antonio 12, -37003, Vecinos- Salamanca. Tel.: 923 38 21 69).

ETIQUETAS:
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