High-800-Series-Diamond-Gloss-Black-Turbine-Head-Polishing de Bowers & Wilkins

El verdadero sonido: los altavoces que eliminan el ruido y te transportan a un concierto en directo

Hace casi 60 años que un melómano manitas empezó a crear en su trastienda de electrónica cajas acústicas cada día mejores. Y en ese empeño continúa la empresa que fundó: Bowers & Wilkins.

Hace casi 60 años que un melómano manitas empezó a crear en su trastienda de electrónica cajas acústicas cada día mejores. Y en ese empeño continúa la empresa que fundó: Bowers & Wilkins.

DE ENTRE TODAS LAS FRASES ATRIBUIDAS a John Bowers, una especialmente explica la evolución de la compañía Bowers & Wilkins desde su nacimiento, en 1966, como una pequeña tienda en Worthing (Inglaterra): “Si puedes hacer un producto mejor, puedes venderlo”. O dicho con otras palabras, convertidas casi en un lema de la firma: “Lo suficientemente bueno no es suficiente”. ¿El resultado de esta ambiciosa filosofía? Más de 60 años de innovación constante en los que esta empresa especializada en soluciones de sonido premium no ha parado de inventar y evolucionar, desde las primeras cajas acústicas DM6 hasta la emblemática Nautilus, un icono de la compañía, paradigma de exquisita combinación de tecnología y diseño, que más de 30 años después de su creación se sigue comercializando, ahora bajo pedido y con posibilidades de absoluta personalización, a precios que no bajan de los 100.000 euros la pareja.

Volvamos a los inicios. Aquella tienda, fundada por Bowers junto a Roy Wilkins –compañero de filas en la II Guerra Mundial– tenía en realidad como principal actividad reparar y alquilar televisores y, en menor medida, suministrar sistemas de sonorización a escuelas e iglesias de la zona. Pero Bowers no solo era un entusiasta de la música clásica, sino también lo suficiente manitas como para convertirse en exponente privilegiado de ese do it yourself tan anglosajón. Así que, en la trasera de la tienda, comenzó a construir cajas de música con un objetivo que hoy sigue presidiendo el devenir de la compañía: lograr el “sonido verdadero”; minimizar las distorsiones que todo dispositivo provoca hasta acercar el resultado final al de un concierto en directo; lograr la aproximación más cercana posible a lo que el músico pretendió. Emisor y oyente unidos únicamente por la excelencia, convertida en un hilo casi invisible que conecta sin intervenir. O, acudiendo otra vez a la clarividencia de Bowers: “La mejor caja acústica no es la que da más, sino la que quita menos”.

High-Nautilus-Midnight-Blue-and-Silver-Beauty de Bowers & Wilkins

Lo que le ocurrió a Bowers & Wilkins desde entonces tiene muchos y variados hitos, no todos fáciles de entender para los neófitos, pero sí perfectamente explicables: John Bowers siempre confió en la investigación como condición indispensable para el progreso. De hecho, obtuvo una de sus mayores satisfacciones empresariales en 1981, cuando pudo liberar las tareas de investigación y desarrollo de las impepinables de fabricación y venta, e independizó a ingenieros, técnicos y expertos reuniéndolos en un departamento propio en Steyning, un pueblecito en los South Downs, que acabó conociéndose como la Universidad del Sonido. De allí salieron algunas de las tecnologías que cambiaron no solo las cajas acústicas de Bowers & Wilkins, sino el conjunto de la industria del sector. Por citar algunas, no necesariamente en orden de importancia: la utilización en los altavoces de kevlar, el mismo material empleado en los chalecos antibalas y con propiedades idóneas para reproducir frecuencias medias –la firma lo sigue aún utilizando en algunos modelos–; el uso de diamantes sintéticos para fabricar tweeters –altavoces de pequeño tamaño para frecuencias altas o agudas–; o la utilización de altavoces montados en recintos externos al principal.

Durante este tiempo, algunos nombres de postín se han encargado de engrosar la leyenda de los equipos sonoros de Bowers & Wilkins. La firma puede presumir, por ejemplo, de equipar los estudios Abbey Road de Londres en los que los Beatles grabaron éxitos como Let It Be; o de ser la elegida por George Lucas para la grabación de La guerra de las galaxias; o de haber acompañado en conciertos a artistas como Miles Davis, PJ Harvey o Björk. Ahora, con más de mil empleados y en manos ya de un nuevo propietario –Masimo Consumer Audio, una de las mayores empresas de audio del mundo–, su influencia, dicen desde dentro, es mayor que nunca. Y en ello tiene mucho que ver su capacidad para ofrecer la máxima calidad sonora en extremos opuestos del espectro de precios: tanto para satisfacer los estrictos estándares de un productor musical como Jack White como para el consumidor anónimo que solo busca el mejor sonido posible para su cuenta de Spotify.

Aliada con grandes diseñadores, Bowers & Wilkins ha conseguido, además, convertir algunas de sus cajas acústicas en expresiones artísticas que adornan salones como si de una pieza especial de mobiliario se tratara. En ello han tenido mucho que ver nombres como Sir Kenneth Grange, con su diseño del modelo 801 original; o Morten Warren, creador del reconocible Zeppelin. También las grandes marcas de automóviles han estado a su lado, retroalimentándose: igual que McLaren, Aston Martin, BMW o Volvo han montado altavoces de la firma, esta se ha inspirado en alguno de sus modelos para la estética y el tacto de sus cajas. Una historia de excelencia y desarrollo constante que parece no tener fin.

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