Karina Cortorreal, el escaparate de un país
La dominicana Karina Cortorreal impulsa un diálogo entre diseño y arte, en una innovadora plataforma sin ánimo de lucro, como forma de reafirmar la identidad y creatividad caribeñas.

PAULA POLIZZOTTO
FOTOGRAFÍA: SAM HEYSEN
Hace mucho tiempo que la moda es, más allá de un reclamo social y estético, también un vehículo identitario. Con capacidad, por ejemplo, para reivindicar la cultura de regiones tradicionalmente ajenas a los grandes relatos del lujo. Este es el propósito de la empresaria Karina Cortorreal, natural de República Dominicana, quien decidió en 2020 que su comunidad debía ser reconocible a través de la moda y alrededor del mundo a bordo de INDÓ MITA, una plataforma sin ánimo de lucro que impulsa y visibiliza el oficio de los diseñadores locales.

Comenzó con este proyecto durante la pandemia, cuando la industria de la moda se vio forzada a encontrar nuevos escaparates y narrativas para acercarse al consumidor. “En ese momento –explica Cortorreal–, sentía que mi país solo se conocía por las playas y por ser rústico y folclórico. Por ello, quise centrarme en las historias de los artistas, para demostrar que la artesanía y la sofisticación pueden convivir, y que detrás de la obra existen mensajes de resiliencia, pues se trata de un país donde, por ejemplo, es complicado conseguir tejidos y materiales”, añade.

INDÓ MITA está ubicada en Santo Domingo y cada temporada inspira a sus diseñadores para crear colecciones limitadas a partir de temáticas vinculadas con su país, desde símbolos de la cultura popular, como el carnaval o el béisbol, hasta poemas de escritores nacionales. Se trata de un modelo híbrido de tienda, galería y fundación: dentro de sus paredes conviven las colecciones junto con la obra que las ha inspirado y, además de ofrecer a los diseñadores un canal de venta físico, la dirección creativa de la plataforma les asesora estética y comercialmente. “Nuestra labor es acompañar al talento local a través del proceso que implica ser una marca, para que los artistas se dediquen exclusivamente a crear. Nos ocupamos del branding, packaging y logística, y también de abrir un diálogo entre los creadores y disciplinas como la pintura, la escultura o la poesía”, explica la empresaria. Todos los beneficios percibidos se destinan a la autofinanciación y a la concesión de becas de formación para apoyar a la próxima generación de diseñadores.

Cortorreal favorece así un espacio en el que artistas y consumidores reflexionan acerca de la cultura latinoamericana, y la caribeña en concreto; un linaje artesanal que comienza en las comunidades y labores indígenas y se extiende hasta el arte contemporáneo como herramienta que, al igual que la moda, cataliza las transformaciones sociales y exige aquellas aún por realizar. El apoyo de INDÓ MITA a los artistas dominicanos contribuye a elevar el estereotipo de la moda caribeña, a menudo asociado con elementos maximalistas alejados de lo que se entiende tradicionalmente por elegancia clásica. “Tenemos una forma diferente de entender el lujo. Somos más atrevidos con los colores, las texturas y los volúmenes. Nos encantan las mangas amplias, los estampados y las siluetas esculturales”, explica Cortorreal. Lejos de querer asumir un papel de mecenas, INDÓ MITA potencia la identidad de la moda dominicana, basada en valores como la sostenibilidad, la herencia o la utilización de técnicas de confección como bordados, encajes o tapicería.
El pasado junio la iniciativa celebró su quinto aniversario con la apertura de una pop up en Madrid, un aterrizaje en Europa que les sirvió para presentar una estudiada selección de piezas junto a joyería, accesorios y objetos de diseño.