Richard Mille, una clase de estilo
Richard Mille convierte Chantilly Arts & Elegance en la expresión de un universo donde automóviles excepcionales.

RICARDO BALBONTÍN
FOTOGRAFÍA: PETER AUTO
En los jardines del Château de Chantilly se respira un ambiente familiar. Esa cercanía, unida a la elegancia del entorno y al extraordinario nivel de los automóviles participantes, ha convertido Chantilly Arts & Elegance Richard Mille en una de las grandes citas internacionales dedicadas al vehículo clásico y al arte de vivir. Celebrado cada dos años, el encuentro reúne patrimonio automovilístico, concept cars, alta costura, arte ecuestre y el tradicional déjeuner sur l’herbe. Durante un fin de semana, los jardines diseñados por André Le Nôtre se transforman en un excepcional museo al aire libre. En esta edición, el Delage D8 SS de 1933 recibió el Best of Show de preguerra y el Ferrari 410 Superamerica de 1956 se impuso entre los vehículos de posguerra. El Bugatti Brouillard fue reconocido como mejor concept car, restomod y pieza única.

La presencia de la firma relojear Richard Mille como uno de sus impulsores va más allá del apoyo institucional. La unión de técnica, belleza y rendimiento que define Chantilly coincide con el universo de una firma construida alrededor de la innovación y de una concepción muy personal de las relaciones humanas. Esta filosofía también se refleja en su vinculación con el deporte de élite. Más que un escaparate, la competición representa un terreno de experimentación donde las necesidades de los atletas se convierten en soluciones técnicas. Así lo explican dos de sus embajadores: Alexis Pinturault, uno de los grandes nombres del esquí alpino francés, y Mutaz Essa Barshim, campeón mundial y olímpico de salto de altura.

Pinturault comenzó su relación con la firma hace unos 12 años con una condición: mantener toda la concentración en el esquí. “Buscaba una relación fuerte con la marca, pero también poder concentrarme en mi disciplina. Para mí, lo principal siempre fue el deporte”. Ese planteamiento se trasladó al reloj. Para un esquiador debía ser ligero, fino y cómodo, hasta desaparecer durante la competición. El uso de guantes exigió reducir el grosor, modificar la corona y desarrollar una correa integrada con el equipamiento. El proceso duró aproximadamente dos años y medio. “Desde entonces he esquiado siempre con él y nunca ha supuesto un problema, porque los ingenieros trabajaron específicamente sobre los criterios que les habíamos marcado”.

Cada disciplina plantea exigencias distintas. Impactos, aceleraciones y movimientos explosivos convierten el deporte en un banco de pruebas extremo. “Cuando alguien compra esa pieza sabe que está comprando exactamente la misma que Alexis ha desarrollado con nosotros”, explica Tim Malachard, director de marketing de Richard Mille. “Eso crea una intimidad muy especial con la marca”. Y para demostración de todo ello, el accidente de Romain Grosjean durante el Gran Premio de Bahréin de 2020. Tras salir de su monoplaza en llamas, el piloto conservaba el reloj en la muñeca y este continuaba funcionando. Desde el hospital escribió a Malachard: “No te preocupes, el reloj está bien”. La pieza se conserva sin restaurar como testimonio de aquel episodio.
Para los atletas, sin embargo, la diferencia no reside únicamente en las prestaciones. Barshim conoció a Richard Mille durante los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro de 2016. Cuando le explicó que no quería competir con un objeto pesado en la muñeca, le respondió: “Vamos a trabajar en algo muy ligero. No vas a sentirlo”. En agosto de 2017, recibió una de las primeras piezas antes del Campeonato del Mundo de Londres. “Me lo puse en la muñeca y, boom, campeón del mundo. El reloj tenía dos días”. Desde entonces, lo acompaña en competición: “A veces tengo que mirarlo para recordar que lo llevo”.

Barshim destaca otro elemento importante, la dimensión humana de la relación. “Mucha gente utiliza la palabra familia. Pero cuando yo digo familia aquí lo digo de verdad”. Una confianza basada en el respeto por los calendarios deportivos y el apoyo en los momentos difíciles. “No se trata de dinero. A veces basta una palabra o una palmada en el hombro para levantarte”.
Pinturault comparte esa visión y, aunque su carrera deportiva ha terminado, continúa vinculado a la firma. “Eso demuestra que no es simplemente negocio. Es una relación que hemos construido y en la que también hemos crecido juntos”. Malachard añade: “En Richard Mille buscamos relaciones duraderas. Cuando firmamos con alguien pensamos en muchos años, porque queremos desarrollar productos junto con los deportistas”.
Esa idea de permanencia conecta directamente con Chantilly Arts & Elegance. Los coches reunidos representan creatividad y excelencia técnica, pero también historias personales y una pasión transmitida en el tiempo. En este escenario, Richard Mille, el deporte y el automóvil forman una comunidad, una familia unida por el rendimiento, la singularidad y el placer de compartir lo extraordinario.